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SANTIAGO DEL ESTERO EN EL MARCO DE LAS CELEBRACIONES DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL (1816 – 2016) Destacado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera Parte:

 

Santiago se convierte en un gran cuartel a cielo abierto y su relación con el ejército del Norte

(enero a mayo de 1816)

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  1. 1.Necesarios contextos
  2.  

El año de 1816 para Santiago del Estero comenzó con una alta inestabilidad política ya que renunciaba a su cargo de Teniente de Gobernador, Tomás Juan Taboada quien estuviera en ejercicio desde abril de 1815, y el Cabildo debía hacerse cargo de tal responsabilidad, hasta que el Gobernador Aráoz decidiera un nuevo nombramiento.

En la nota de su renuncia al cargo ante el soberano Congreso, del 4 de mayo de 1816, explicaba cómo se sentía al frente de esta institución y los motivos que lo llevaban a alejarse de la misma:

 

El 15 de junio del año pasado fui creado por elección popular Teniente Gobernador de esta comprensión. El clamor general venció mi genial repugnancia y entre al ejercicio de aquel empleo, que juzgo haber desempeñado a satisfacción de mis instituyentes; pero conocosco que el superior a mis fuerzas en lo moral y en lo físico, ni tengo hoy talentos necesarios, ni salud bastante. Este clima que desde mis primeros años se manifestó contrario a mi constitución, parece que con la edad se avanza sobre mi vida. Por opinión general soy amenazado de tisis, y los síntomas que padezco no pueden hacer dudar los fuertes amargos de aquel terrible mal en que se manifiesta siempre ciega la azote de la salud de los hombres. En este concepto no puedo menos que hacer una formal renuncia del referido cargo de Teniente Gobernador suplicando a vuestra Soberanía se digne administrármela para poder continuar con toda libertad en la reparación que hago de los quebrantos de mi salud.[…][1]

 

No podríamos dudar de que Taboada padecía serios problemas de salud, pero no es menos cierto que acudía a ella para tomar licencia cuando las cuestiones políticas se le complicaban y que la resistencia al ejercicio de su cargo por parte de importantes sectores de la sociedad política santiagueña fueron notables desde el comienzo de su gestión; que le resultaba muy difícil obtener los consensos necesarios y que era repudiado por amplios sectores militares, particularmente por su adscripción sin objeciones al mandato del gobernador tucumano Bernabé Aráoz.

Cierto es que la renuncia le fue aceptada y el Cabildo se vio impelido a ejercer esas funciones de modo involuntario sin quedarle alternativa, hasta mediados de agosto del mismo año en que Manuel Belgrano nombrará a un nuevo Teniente de Gobernador. En ese estado de cosas, decidió comisionar al ciudadano Pedro Francisco Carol, su Alcalde de Primer Voto, para que ejerciera la Tenencia de Gobierno, en la comprensión que debían actuar con mucha celeridad, lo que las reuniones periódicas rdel Cabildo estarían perjudicando en demoras o postergaciones que atentarían contra la “sagrada causa que defendemos”, otorgándole todas las facultades necesarias para que actúe por sí sin esperar que se reuniera el Ayuntamiento[2].

Por otra parte tenemos al Teniente Coronel Juan Francisco Borges teóricamente preso en los cuarteles de la ciudad de Salta, donde había sido enviado luego de la sublevación autonomista de septiembre de 1815 violentamente derrotada, pero que pareciera que no estaba tan preso porque lo encontramos firmando notas y petitorios al lado de Martín Miguel de Güemes "como un salteño más" y presente en la firma del Tratado de los Cerrillos; una aproximación peligrosísima del escenario de la guerra con el Ejército Auxiliador del Norte ubicado en la ciudad de Tucumán y los españoles en Salta y un convertirse –como en 1810- en el gran campamento a cielo abierto en la organización de los batallones con más de 600 hombres preparándose y esperando la convocatoria del General Manuel Belgrano, además de los batallones y regimientos que llegaban y esperaban su momento para partir.

Con una población empobrecida hasta límites extremos auxiliando a los soldados con los pocos recursos que tenía; con la completa exacción de sus últimos recursos hasta el punto de la agonía económica; con un contar lo poco que quedaba y contar-se para aportar y en ése marco un nuevo ciclo de las contribuciones obligatorias particularmente fuerte a los extranjeros españoles[3] que eran los más ricos de la ciudad pero que no se desvivían -aparentemente por la documentación oficial- por ayudar al desarrollo de los procesos revolucionarios; un vivir muy de cerca la declaración de la declaración de la Independencia Nacional en la ciudad de San Miguel de Tucumán bajo profundas tensiones políticas internas por grupos en pugna que fueron configurándose y reconfigurándose a lo largo de los últimos cinco años, y finalmente, terminar el año con la segunda rebelión autonomista liderada por el líder revolucionario por antonomasia, el Teniente Coronel Don Juan Francisco Borges, tan fuertemente reprimida que significó su fusilamiento el 1° de enero del año de 1817, el único líder que fue fusilado de todos los levantamientos de las ciudades y territorios circunvecinos.

 

  1. 2.Cambio de rol del Ejército: ahora es el Auxiliador del Alto Perú

Cuando se piensa en Santiago en el 1816 tenemos que comprender que su situación, prácticamente todos los acontecimientos que tuvieron lugar, estuvieron marcados muy de cerca por el cambio de rol del Ejército del Norte, con el que tendrá una muy fuerte y directa relación, y a partir de la segunda mitad del año, con el propio General Don Manuel Belgrano al punto de su nombramiento como su Jefe.

Al respecto, Alejandro Morea[4] entre otros, realiza un planteamiento muy interesante sobre el cambio de rol del Ejército del Norte luego de la derrota de Sipe Sipe o Wiluma[5], el 29 noviembre de 1815, que coronaba una serie de derrotas previas, más pequeñas, la del Tejar el 19 de febrero, el Combate de Puesto del Marqués el 14 de abril y Venta y Media el 19 de octubre. Todas derrotas del Ejército Patriota en manos de los realistas, que los hará retroceder irremediablemente, perder el territorio altoperuano hasta instalarse en Tucumán.

Será a partir de entonces conocido como el Ejército Auxiliador del Norte, con asiento en La Ciudadela del Tucumán, aquella que había construido el General don José de San Martín. Un ejército que ya no luchará más contra los realistas, los que seguirán siendo contenidos por sus gauchos  montoneros, el Regimiento de la División Infernal de Gauchos de Línea, conocido como “los Infernales” conducidos por General Don Martín Miguel de Güemes. Un ejército que tendrá alternativas contradictorias con la otra parte del poder militar representado por el General Rondeau quien permanecerá en el generalato hasta el mes de agosto en que fue desplazado de su cargo y reemplazado el General Manuel Belgrano, quien intentará reconstruirlo como mejor pudo con los escasos recursos que contaba, y quedó acantonado hasta 1819. Y finalmente, un Ejército que será fundamental para sostener a las autoridades designadas por el poder central, funcionando, a decir de Tulio Halperín Donghi[6], como custodia del orden político interno.

Sumada a todas estas cuestiones, en el proceso de la Independencia cumplió un rol central el recambio de Director Supremo, con anterioridad Don Antonio González Balcarce por Juan Martín de Pueyrredón y O’Dogan a partir del 9 de julio de 1816, quien fuera elegido por el Congreso de Tucumán. No fue una elección sencilla, pues competían Pueyrredón con el Coronel José Moldes, representante por Salta y respaldado fuertemente por Güemes, lo que generará una nueva serie de rispideces con el caudillo salteño. Pueyrredón pondrá todo el empeño y los recursos materiales del Directorio en el fortalecimiento del Ejército de los Andes y la campaña libertadora del General San Martín. Pero para ello necesitaba urgentemente la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 

  1. 3.El Ejército y las ciudades convulsionadas

La presencia del Ejército en Tucumán a lo largo del año 16s, fue paralela a una serie de profundas convulsiones que se desarrollaron en ciudades y jurisdicciones circunvecinas, que eran emergentes de las reconfiguraciones de poderes más locales y acotados que venía teniendo lugar desde el año anterior, intensamente afectadas por las tensiones entre, por un lado los artiguistas y la Unión de los Pueblos Libres del Sur; Güemes en el norte que pese a sus notorias diferencias con Buenos Aires no cortó relación con esta como si lo hiciera Artigas, y el centralismo porteño.

Las ciudades sublevadas fueron La Rioja en abril, Córdoba en agosto, Santa Fe y la sublevación de Añapiré a comienzos de marzo y Santiago del Estero en diciembre. Allí, el rol del Ejército Auxiliador fue desplazarse hasta estos espacios, controlar las convulsiones políticas que atentaban contra la reunión y los propósitos del Congreso y asegurar la gobernabilidad interna en los territorios de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Al frente del cual fue designado Manuel Belgrano para “reconstruir la capacidad operativa del ejército en base a los recursos regionales a su alcance y conducirlo en esta nueva etapa”.

Aquí se terminan de comprender dos cuestiones que en este año serán centrales. Por una parte la asignación de recursos del Directorio para la gesta de los Andes y la necesidad de declarar la Independencia de nuestro territorio antes de que San Martín partiera para liberar a Chile. Si esto no ocurría. Si la Independencia no se declaraba, el Libertador partiría al frente de un ejército que representaban a unos pueblos insurreccionados ante el poder español a otro pueblo completamente tomado por el imperio. En ese sentido veremos el profundo poder que ejercerá el General instalado como gobernador de Cuyo, a través de sus diputados para que de una vez por todas se declarara la independencia. Y por otra parte, la extrema responsabilidad de un Manuel Belgrano al que lo convocan para ponerse al frente de un ejército desmoralizado, desarticulado, sin recursos más los que fuera él mismo capaz de conseguir regionalmente. Recursos militares con los cuales tendrá que controlar, como era su mandato, toda insurrección que en la región surgiera en contra del Congreso. Tremenda tarea. Difícil, como todas las que te tocó en suerte a Belgrano, esta vez llegando de una misión internacional trayendo las peores noticias para la suerte de nuestros pueblos, por el caos reinante y la mirada que sobre ese caos se tenía en el exterior, tal como lo expuso en una de las primeras, sino en la primera, de las Sesiones Secretas del Congreso.

Es entonces en éste contexto desde el cual vamos a pensar los avances y controles del Ejército belgraniano en y sobre Santiago. La acción del Teniente Coronel Juan Francisco Borges como miembro pleno del Ejército comandado por Manuel Belgrano con base de operaciones en Santiago. Un Borges al que Belgrano le tenía una profunda desconfianza, cosa que no ocurría con Felipe Ibarra; pero que no tenía más remedio que acudir a él en tareas específica ya se trate de la provisión de caballadas y mulares como marchar a Tucumán al frente del Regimiento de Granaderos de Infantería de Santiago del Estero.

 

  1. 4.Santiago, el gran cuartel a cielo abierto de la guerra del norte.

Pobreza y solidaridad de todo un pueblo comprometido con la Independencia

El 2 de enero Ignacio Álvarez Thomas y Tomás Guido informaban a las autoridades la derrota del ejército Patriota a cuyo frente estaba el General Rondeau[7], en la Batalla de Sipe-Sipe o Viluma[8] y enviaban al Teniente Gobernador Taboada una nota disponiendo el siguiente movimiento de tropas desde Santiago del Estero:

 

Para reparar con la brevedad que demandan las circunstancias el inesperado contraste que han sufrido las armas de la Patria en el Alto Perú, el 29 de pasado noviembre en la Campaña del Sipe-Sipe, he dispuesto salgan de esta capital por la posta antes del 15 del que rige, en Divisiones de cuatrocientos Dragones al mando de su Coronel Don Rafael Ortiguera, y trescientos cincuenta hombres del N° 1 en carretas con cincuenta artilleros, y el repuesto correspondiente de armamento y municiones para aquel Ejército, debiendo romper su mara para igual destino desde Santa Fe doscientos hombres del mismo (…). En ésta virtud recomiendo estrechamente a U. libre sus órdenes a fin de que en el territorio de su mando se destine una partida de veinte Milicianos de caballería para escoltar dichas carretas, expidiendo las respectivas a facilitar los auxilios necesario para que las divisiones hagan sus marchas con la celeridad que reclama la seguridad de las Provincias, cuya consideración, no dudo, empeñará el celo de U. hasta dar el lleno posible a esta urgente y necesaria medida.

 

De modo que Santiago volvía a convertirse, como de manera casi ininterrumpida desde 1810, en un escenario de preparativos de la guerra, en un gran campamento militar a cielo abierto donde todas las tropas llegaban, permanecían, se entrenaba y compartían con los locales hasta el momento en que se los llamara para entrar en acción. Y también era un espacio de reclutamiento que como de voluntario tenía menos que nada, echaba mano a reclutas presos que tenía en la cárcel sin poder alimentarlos por falta de recursos[9], se perseguía a hombres fugitivos por las fronteras del río Salado.

En el mes de febrero, una de esas divisiones militares venía desde Santa Fe en tránsito a Tucumán con 200 hombres, 19 de ellos muy enfermos, casi moribundos, y su Comandante José Gabriel de Oyuela[10] advertía desesperadamente que no sólo no tenía para darles de comer a sus hombres sino tampoco para auxiliarlos con medicamentos, para lo que pedía auxilio al Ayuntamiento santiagueño porque no quería perjudicar a los habitantes del tramo que le faltaba hasta San Miguel[11]. Esto muestra el estado de compasión de los jefes militares para con los habitantes rurales en el convencimiento que si el Cabildo no les conseguía comida la obtendrían por la fuerza robándose lo poco que la gente tenía. De algún modo había que comer. El Cabildo advierte que sus arcas se encontraban tan vacías y el vecindario tan pobre que no tienen como ayudarlo, finalmente decidieron recurrir a la vieja práctica de solicitar a la persona más pudiente de la ciudad, Santiago del Palacio, para que les prestara $200 a cuenta de reintegro en cuanto las recaudaciones se los permitieran[12], lo que se sumaba a los $900 que ya había adelantado Francisco Xabier Lascano el penúltimo día del año anterior y cuyas tramitaciones para el cobro se encontraban muy complicadas[13]. En paralelo, el Alcalde de la Santa Hermandad del Curato de Copo, Juan Gregorio Zárate, se quejaba amargamente de la pobreza del territorio y de sus habitantes y como necesitaba para su atención y contención una persona más que lo secundara en la tarea sobre un espacio muy dilatado, por lo que pedía se nombrara un Comisionado de Partido[14].

 

  1. 5.El Batallón de Regimiento de Granaderos de Infantería de Santiago del Estero

El Cabildo recibía la orden de formar el Segundo Batallón del Regimiento de Granaderos a cuyo frente estaría el Teniente Coronel Martín Lacarra, quien venía en viaje a Santiago. Se llamaba Martín Paulino Lacarra y Toledo, luchó en las Invasiones Inglesas como Oficial del Regimiento de Patricios y después de la Revolución de Mayo fue elevado al rango de Capitán. En 1812 participó en las acciones de Uruguay para luego incorporarse al sitio de Montevideo hasta 1814 en que cayó la ciudad. En 1815 apoyó la rebelión del Coronel Ignacio Álvarez Thomas contra el Director Supremo Alvear en la Posta de Fontezuela y a principios de 1816 fue organizador de un Batallón en Santiago del Estero y a su regreso fue nombrado como Jefe del Regimiento de Granaderos de Infantería. Esta era la situación por la cual Lacarra permaneció tanto tiempo en nuestra ciudad y encontramos tantas notas suyas entre la documentación local.

con tal objeto le solicitaba disponer de todos los auxilios posibles: alojamiento para los oficiales, cuarteles para las tropas, el mayor número de reclutas que sea posible haciendo la aclaración que fueran preferentemente robustos, de buena estatura y ágiles.

Para reclutar hombres en el interior de la provincia, el Cabildo comisionó inmediatamente a Lorenzo Goncebat quien desarrolló una tarea muy breve y cesó abruptamente en por órdenes del Directorio, debiendo regresar a Santiago del Estero en un plazo de 48 horas[15], acusado de tener muy mala y fatal conducta en las comisiones que se le habían encargado que estaban trayendo fatales consecuencias en la campaña, de extorsionar a los reclutas y, según era voz pública, recibir cohechos para poner a los reclutas en libertad, lo que provocaba turbulencias que perjudicaban notablemente a la causa revolucionaria, por lo que deciden buscarlo y arrestarlo en el término perentorio de 48 horas. Meses más adelante, por el mismo Goncebat, nos enteramos que el castigo que le impusieron fue mucho más grave que la prisión. El 20 de septiembre y firmando como “vecino residente” se dirigía al General en Jefe del Ejército del Perú, Manuel Belgrano, exponiendo que está realizando el servicio de “soldado cívico” por orden del Teniente Gobernador, rebajando su clase hasta el extremo y sin la menor consideración. Goncebat expresaba “con ansias el instante en que Ud. Se digne darle un destino y remitirle los despachos”. Recordemos que Goncebat será uno de los hombres de mayor confianza de Francisco Borges.

La Sala Capitular se dirigía al Teniente Gobernador, veinte días más tarde, para informarle que se encontraba preparando cuarteles y alojamiento así como los auxilios necesarios[16]:

 

Se prepararan quarteles y alojamiento pª. los soldados y oficiales que bienen á esta, al mando del Tente. Coronel Dn. Martin Lacarra franqueandole igualmte. todos los ausilios necesarios, y contribuyendo pr. su parte este gobierno, al mejor esito y desempeño de la importante comºn. de aquel: Según V. E. nos lo prebiene en su comunicasion del 3 del corrinte. que se contesta.

 

Sostener a la tropa costaba al Cabildo mensualmente $650, dinero del que no se disponían y apenas se acercaban si contaban los aportes de vecinos comerciantes, entre los que siempre aparece Santiago del Palacio, integrante de la familia más rica en Santiago para ese entonces, con aportes importantes. Otros aportes eran solicitados al gobierno nacional o recurrían al mismísimo General Manuel Belgrano[17]. Nada alcanzaba. Para abastecer los cuarteles de elementos que le permitieran a la soldadesca y a la oficialidad vivir durante el tiempo de recluta y entrenamiento, el Cabildo debió recurrir a la provisión de artículos embargados con los cuales pudo, en cierto modo, atender la necesidad de farolas para iluminarse y ollas en las cuales poder cocinar para tantos soldados[18].

Para ésa tarea encomendada por el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el Teniente Martín Lacarra permaneció hasta el mes de agosto en nuestra ciudad desde donde se puso a las órdenes del General Manuel Belgrano enviándole armamentos y demás útiles para su ejército[19]. El Cabildo local recibió entonces la orden esperada:

 

Con esta fecha he dirigido orden al comandante D. Martin Lacarra, a efecto de que en las circunstancias que le prevengo, y con la posible brevedad se ponga en marcha a esta ciudad, con el Batallón que se forma en esa, de cuya recluta no dudo acelerará V.S. a quien ocurrirá el expresado Lacarra por los auxilios inevitables para su transporte. Espero que la actividad y eficacia de V.S. no dé lugar a la más ligera detención, sirviéndose de cuantos fondos existiesen en esa Tesorería; y cuanto no sean suficientes, tratará de adquirirlos de cualesquiera vecinos, librando contra mí, que a letra vista serán satisfechos.

Dios guíe a V.S. ms. as.-Tucumán Agosto 16 de 1816. Manuel Belgrano

 

A pie de la misma nota se encontraba un borrador del Cabildo local:

 

Luego que el Comandante Don Martin Lacarra se halle expedito con el Batallón que se está formando en esta, y el Cabildo se empeña extraordinariamente en la reunión de Reclutas que deben reintegrarlo, se le granjearon a aquellos útiles necesarios para su transporte a ese destino: usando para ello del dinero que exista en Arcas y en su defecto de los particulares, para reintegrarlo en los términos  que V.S. expresa en comunicación de 16 del corriente que se contesta.

Va para dos meses, que a los oficiales y tropas del mando del expresado Comandante Lacarra, no se les auxilia con la buena cuenta que se les está asignada para su subsistencia. El Supremo Director del estado a su tránsito por esta, dispuso proveería oportunamente desde la de Córdoba sobre este particular y hasta la fecha nada ha resuelto V.S. tendrá a bien comunicar a este Gobierno lo que deba ejecutar en el caso ineludible de que dicho Comandante pida a este Gobierno la buena cuenta esperada.

Dios guarde a V.S. muchos años.- Sala Capitular de Santiago del Estero, Agosto 18 de 1816. Señor Gral. en Jefe del Expedición Auxiliar al Perú - Brigadier Don Manuel Belgrano.

 

Los recursos para sostenerlo llegaban muy lentamente[20]. A mediados de año, Taboada tomó $2.412 en efectivo del Empréstito a los españoles europeos que había dispuesto el Directorio el 10 de julio del año de 1816, para cubrir los gastos del vestuario de la tropa y demás efectos. La historia de éste empréstito, comenzaba a recorrer unos trayectos conocidos de desvíos y re-apropiaciones para cubrir las urgencias, de todos modos se aclaraba en una nota adjunta que si bien esa era la recaudación efectiva disponible, no era toda la que la recaudada porque parte se estuvo ocupando en auxiliar a las divisiones del Teniente Martín Lacarra[21].

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(continuará en la segunda parte, Santiago y la declaración de la Independencia Nacional)



[1] AGN- Aragn-CSPURP-s7_6-105-000001 y 000002.

[2] ACSE, 1 de enero de 1816. Transcripción de Andrés Figueroa. Revista del Archivo, 4.

[3] AHSE, Asuntos Generales, Legajo 7 (1814-1830), Expedientes: 402 (Nómina de las personas comprendidas en el Padrón del Cuartel nº 4 de la ciudad, de la Contribución Obligatoria que pagaron las cuatro cuotas), 403 (Razón de los individuos que adeudan el derecho de alcabala), 404 (Padrón levantado en Guañagasta a los efectos de la contribución mensual), 405, 406 (Padrón levantado por Don Juan Bautista González que corresponde a los puestos de Remi, Tableao, Guasayán y Guampacha), 407 (Razón de los habitantes de Viatico, Palomar y Tenené que deben pagar contribuciones mensuales) y 408 (Padrón del Departamento de Matará).

[5] El lugar era los Macizos de Viluma, Departamento de Cochabamba, Bolivia. El Parte de Batalla firmado en el Cuartel General de Suipacha ese mismo día 29 de noviembre por el General José Rondeau, puede encontrarse en: Biblioteca  de Mayo, Tomo XV, pp.13.463/69, tomado de Gaceta, Tomo IV, pp.462/66. Y en: Güemes Documentado, Tomo 3, pp. 127/129.

[6] Tulio Halperín Donghi (1972) De la revolución de la independencia a la confederación rosista, Editorial Paidós, Buenos Aires. En> Morea (Op. Cit)

[7] José Casimiro Rondeau Pereyra nació en BA el 4 de marzo de 1775. Su padre era un comerciante francés. De joven se mudó con su familia a Montevideo donde se educó. Abandonó sus estudios teológicos para comenzar la carrera militar en el Regimiento de Infantería e Buenos Aires en 1793. Combatió contra los indios y los portugueses en Brasil. Intervino en la defensa de Montevideo contra la invasión inglesa. Lo capturaron las fuerzas de Whitelocke y lo enviaron como prisionero a Londres. En a Coruña organizó el Batallón Buenos Aires para luchar contra la invasión de Napoleón. En agosto de 1810 se unió a los patriotas de la Revolución de Mayo. La primera Junta de buenos Aires lo nombró Teniente Coronel y estuvo a cargo de las fuerzas patrióticas en la Banda Oriental. Apoyó a Artigas en el primer sitio de Montevideo y luchó en el segundo. Por sus brillantes tácticas en la batalla de El Cerrito contra los realistas fue nombrado comandante del Ejército del Norte para reemplazar a San Martin que había renunciado por razones de salud en 1814. Para disimular un poco el escandaloso reemplazo, el director Gervasio Antonio de Posadas lo Ascendió a Brigadier General y lo transfirió como Jefe al Ejército del Norte. De inmediato se puso a organizar la que sería la Tercera Compañía al Alto Perú. Contaba para ello con los refuerzos enviados desde Montevideo, es decir, tropas que habían participado del sitio, muchos de los antiguos situados, y sobre todo, un poderoso armamento capturado allí. http://www.portaldesalta.gov.ar/sipesipe.htm.

[8]AGN, Sala X, 5-9-6, (1815-1830)

[9] AGN, Sala X, 5-9-6, (1815-1830)

[10] Era hijo del poderoso comerciante castellano radicado en Buenos Aires José de la Oyuela, Regidor del Cabildo de buenos aires en 1802 y Síndico Procurador en 1804, partidario de la libertad de comercio exterior, luchó por la defensa de la ciudad durante las invasiones inglesas en la Compañía del tercio de Cántabros Montañeses, unidad miliciana de infantería. José Gabriel fue durante la segunda invasión (1807) Teniente de la 2ª Compañía. Durante la asonada del 1º de enero de 1809 el Tercio estuvo defendiendo al Virrey Liniers, luego el virrey Cisneros los reorganizó pero mantuvo el de Montañeses al que se otorgó e nº 4. Participaron en sofocar las revueltas de Chuquisaca y La Paz y luego producida la Revolución de Mayo Vicente Nieto formó una nueva compañía con los andaluces y Montañeses como Cuerpo de Voluntarios del Rey Batallón Fernando VII. El Batallón participó en la destitución del virrey Cisneros, apoyó la Primera Junta y luego formó parte del Ejército del Norte.

[11] Figueroa, R8. Habiendo salido de la ciudad de Santa Fe con la División de mi cargo compuesta de 200 hombres en diez carretas que allí se fletaron al tropero Justo Alvarado á razón de 70 pesos para mi conducción hasta esta ciudad en la que se le debería abonar cien pesos por esta caja que se le restan según consta de la copia que acompaño del certificado de aquella Comisaria y que V. S. mismo ha leído el original: me veo en la precisión de hacer presente a este Gobierno la solicitud que por mi conducto emprende dicho tropero para conseguir el abono de la cantidad expresada.

También estoy obligado á poner en conocimiento de este Gobierno que mi situación en el día es la más deplorable a falta de dinero con que satisfacer la carne que debo consumir de aquí a Tucumán sin causar perjuicio a los habitantes del tránsito. Los diez y nueve individuos que gravemente enfermos traigo (y algunos espirando) me piden algún socorro para comprar remedios, hallándose en igual estado dos oficiales que me parecen imposible puedan seguir la marcha, agregando otros gastos menores que hay que hacer para el sustento de la tropa y oficiales. Esto supuesto, espero de la bondad de V. S. que se me franqueen ciento cincuenta y cinco pesos, los setenta y cinco para satisfacer la carne consumida en esta ciudad, cincuenta para lo que debo gastar en el camino y el resto de treinta para las atenciones que llevo indicadas y mediante a que V. S. me ha hecho entender hallarse esta Caja enteramente exhausta de dinero, espero que V. S. tome disposición de que se arbitre la reunión de dicha cantidad seguro de que será satisfecha por el estado. Dios guíe a V. S. muchos años — Santiago 28 de Febrero de 1816. José Gabriel de la Oyuela. Al Muy Ilustre Cabildo Gobernador de esta Ciudad.

[12] Figueroa, R8 (1926)

[13] Figueroa, R8 (1926)

[14] Figueroa, R8 (1926)

[15] AGN, Sala X, 5-9-6, (1815-1830)

[16] Figueroa, R1 (1924)

[17] AGN, Sala X, 27-7-22 (1811-61).

[18] AGN, Sala X, 27-7-22 (1811-61)

[19] Figueroa, Tomo V, N° 9 (1926)

[20] Figueroa (1926)

[21] Figueroa (1926)