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El lenguaje del símbolo sagrado. La simbólica del mal en Paul Ricoeur

Claves para comprender la Historia - Horizonte Bicentenario 2010-2016 - Año 5 - Nº 22 -Mayo de 2013 - ISSN 1852-4125

Felipe Martín Huete

Doctor en Filosofía por la Universidad de Granada.

1. Introducción

Para Ricoeur, la confesión se desarrolla siempre dentro del elemento del lenguaje. Pero ese lenguaje es en lo esencial simbólico. Lo cual implica que cualquier filosofía que pretenda integrar la confesión en la conciencia del yo, no puede eludir la tarea de elaborar, siquiera a grandes rasgos, una criteriología del símbolo. Ricoeur también dice que no podemos comprender el empleo reflexivo del simbolismo si no es remontando el cauce hasta sus formas ingenuas, en las que el privilegio de la conciencia reflexiva está subordinado al aspecto cósmico de las hierofanías. Las tres dimensiones -cósmica, onírica y poética- se encuentran presentes en todo símbolo auténtico; sólo en conexión con estas tres funciones del símbolo podemos comprender el aspecto reflexivo de los símbolos.

 

El hombre empieza viendo el sello de lo sagrado en primer lugar en el mundo, en elementos o aspectos del mundo. Así, el simbolismo hablado nos remite a las manifestaciones de lo sagrado, a las hierofanías, en las que lo sagrado hace su aparición en un fragmento del cosmos, el cual, a su vez, pierde sus límites concretos, se carga de innumerables significaciones, integrando y unificando el mayor número posible de sectores de la experiencia antropocósmica. En consecuencia, los primeros símbolos que aparecen son realidades cósmicas. A partir de aquí, Ricoeur se plantea la siguiente pregunta ¿es el símbolo, dada su connotación cósmica, anterior e incluso ajeno al lenguaje? El autor francés advierte que de ninguna manera: el simbolizar esas realidades equivale a reunir en un ramillete de presencia una masa de intenciones significativas, las cuales dan que hablar antes de dar que pensar. La manifestación simbólica, como cosa, es la matriz de significaciones simbólicas en forma de palabras: es decir, jamás se ha terminado de hablar del cielo, de traducirlo en palabras -ejemplo que propone Eliade en su fenomenología comparada-.

La mirada revisionista de la Asamblea General Constituyente del Año XIII

Claves para Comprender la Historia, Horizonte Bicentenario 2010-2016 - Año 5 - Nº 22, mayo de 2013-ISSN 1852-4125

La independencia declarada por Venezuela en julio de 1811 influyó decididamente en el Río de la Plata.  De tal manera que la Logia Lautaro, que fue el alma del régimen que ahora se inauguraba, acogió la idea de un pronunciamiento por la emancipación con entusiasmo, al igual que la Sociedad Patriótica, reorganizada por Monteagudo.

Así las cosas, el programa de la Asamblea a reunirse quedó sintetizado en dos palabras: independencia y constitución.  Así lo dejó establecido el documento producido por el nuevo Triunvirato el 24 de octubre de 1812, mediante el cual convocaba a las ciudades a elegir diputados que vendrían a Buenos Aires a integrar la magna reunión, a razón de cuatro diputados por la capital, dos por las ciudades cabeceras de intendencia, y uno por las ciudades subalternas, con la sola excepción de Tucumán que elegiría dos en premio por su triunfo bélico.  La elección se practicaría así: las ciudades se dividirían en ocho cuarteles, en cada uno de los cuales los vecinos “libres y patriotas” nominarían un elector.  Los ocho electores así designados, conjuntamente con los miembros del respectivo Cabildo, elegirían los diputados que correspondiese.  El voto sería público y podían ser diputados por las ciudades personas no residentes en ellas.  Esto facilitó las maniobras de la Logia, que logró, que salvo cuatro de los integrantes de la Asamblea, los demás fueran miembros de la misma organización secreta, en su mayoría pertenecientes a la facción alvearista.

La Asamblea se instaló el 31 de enero y se declaró soberana, lo que en buen romance significaría convicción en sus componentes de que la declaración de la independencia sería realidad a breve plazo, además porque al jurar, sus miembros se eximieron de manifestar lealtad a Fernando VII.  Se declaró la inviolabilidad de los diputados, y que el presidente del organismo duraría un mes.  El primero fue Alvear.

(Rojas, Argentina, 1911 - Santos Lugares, 2011) Escritor argentino. Ernesto Sábato se doctoró en física en la Universidad de la Plata e inició una prometedora carrera como investigador científico en París, donde había ido becado para trabajar en el célebre Laboratorio Curie. Allí trabó amistad con los escritores y pintores del movimiento surrealista, en especial con André Breton, quien alentó la vocación literaria de Sábato. En París comenzó a escribir su primera novela, La fuente muda, de la que sólo publicaría un fragmento en la revista Sur.

 En 1945, de regreso en Argentina, comenzó a dictar clases en la Universidad Nacional de La Plata, pero se vio obligado a abandonar la enseñanza tras perder su cátedra a causa de unos artículos que escribió contra Perón. Aquel mismo año publicó su ensayo Uno y el Universo (1945), en el que criticaba el reduccionismo en el que desembocaba el enfoque científico. El ensayo prefiguraba buena parte de los rasgos fundamentales de su producción: brillantez expositiva, introspección, psicologismo y cierta grandilocuencia retórica.

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