Varios

 

                                          General Justo José de Urquiza (1801-1870)

El “pronunciamiento público” de Urquiza consistió en un acto donde fueron leídos y promulgados dos decretos con fecha 1º de mayo: en uno se declaraba a Entre Ríos Estado soberano provisorio “en aptitud de entenderse con los demás gobiernos del mundo”; en otro se cambiaba el lema Mueran los salvajes unitarios por Mueran los enemigos de la organización nacional.  Según lo corriente habría ocurrido el 1º de mayo, en la plaza General Ramírez de Concepción del Uruguay, en presencia de Urquiza y de toda la tropa formada.  Después la tropa siguió al pregonero que en cada esquina leía los decretos, mientras un cañón hacía salvas.

¿Ocurrió realmente el 1º de mayo, a lo menos en la forma clara, positiva y pública exigida por el Canciller brasileño?

El jueves 1º de mayo nada pasó de memorable en toda la provincia de Entre Ríos, a lo menos en forma pública.  Ni en los informes de los Comandantes departamentales ni en números posteriores de los tres periódicos de la provincia –El Federal Entre-Riano de Paraná, Progreso de Gualeguaychú y La Regeneración de Urugua – se menciona, fuera de que sopló un agobiador viento norte, nada de notable.  Después, sí.

De los tres periódicos, uno (El Federal Entre-Riano, el más serio y de mayor tiraje), nada comenta, tal vez porque su director, el Dr. Evaristo González, disgustado por el sesgo que tomaban las cosas, había pedido pasaporte para irse a Buenos Aires.  En cambio La Regeneración de Carlos de Terrada, en su número del 13 de mayo, se hace eco en crónicas, gacetillas, remitidos, comunicados, de una “efervescencia popular” que al parecer existía en la provincia, o por lo menos en Concepción del Uruguay; y en ese número transcribe ambos decretos del lº de mayo.  Hace la crónica del “público pronunciamiento” ocurrido a las 10 de la mañana en la plaza Ramírez, leyendo a continuación el pregonero sus considerandos en cada esquina seguido por la tropa, mientras Ricardo López Jordán hacía sonar un cañonazo a cada lectura por orden del gobernador.  No dice que estuviera presente Urquiza, que de estarlo no lo habría omitido.  Ni dice que “mañana” ocurrió.

¿Qué día entre el 4 y el 18 de mayo (entre los Nros. 46 y 47 de La Regeneración) se produjo el público pronunciamiento cuya crónica hace el periódico de Terrada?  Olvida decirlo.  Menciona en una gacetilla fechada el 13 de mayo, publicada en la edición de ese mismo día, que después de darse el bando se reunieron a las 8 de la noche algunas personas al pie de la pirámide de la plaza Ramírez: allí, después de cantarse chapeau-bas (será “chapeaux bas”) el himno nacional, el Dr. Diógenes de Urquiza –“joven culto, aventajado y elegante”– tomó en sus manos una bandera nacional y prometió culta y elegantemente “clavarla en el cráneo del tirano”.  Primer acto de intergiversable oposición a Rosas.

El periódico Progreso de Gualeguaychú, dirigido hasta entonces por José Ruperto Pérez, hace el 8 de mayo una crónica de una serenata ocurrida “espontáneamente” tras la banda de música local: en ella se vivó a Urquiza y se profirió algún denuesto contra Rosas en una poesía alusiva recitada.  Pero no se leyeron decretos, y por lo tanto hasta esa fecha no debía haber ocurrido el “público

pronunciamiento” de Uruguay.  En un remitido de Progreso del 14 se habla de otra serenata de Concordia el 11 de mayo “al conocerse la fiesta ocurrida en esa ciudad (Uruguay) la noche del 2 del cte.”.  No se leyeron decretos.

El “público pronunciamiento” tuvo lugar, entonces, entre el 11 y el 18 de mayo en Concepción del Uruguay.  Debió consistir en un acto tan mínimo, que ni el eficaz Terrada –ni Pérez, ni nadie– recuerda la fecha exacta.  En realidad el acto público fue la edición de La Regeneración del 13 de mayo.  Por ella se conoció el “pronunciamiento” dentro y fuera de Entre Ríos.

De allí se explica que Cuyás zarpara de Montevideo ese día 18 en el Golphinho, tan ignorante del “pronunciamiento” de Urquiza, que iba a hacerle aprobar un tratado en cuyo artículo 2º se lo incitaba a “practicar cualquier acto público y consumado que importe indudable y decidido rompimiento con el gobernador de Buenos Aires”, y que Urquiza y su ministro Galán no consideraran necesaria su corrección.  La noticia del público “pronunciamiento” llegó a Montevideo en la goleta General Urquiza, zarpada de Gualeguaychú el 15 con periódicos hasta esa fecha, y llegada a Montevideo el 19.  Un día antes –el 18– los diarios entrerrianos trajeron a Buenos Aires la información del paso dado por Urquiza.  Rosas, según su costumbre, no quiso ocultar nada y ordenó a su prensa que reprodujera ampliamente todas las crónicas y gacetillas de La Regeneración y Progreso.

¿Qué ha ocurrido con el “pronunciamiento”, cuyo estado público se ha demorado tanto tiempo después de la redacción de los documentos?  Porque nada permite suponer que los dos decretos fueron redactados por Seguí y firmados por Urquiza en otra fecha que la indicada en ellos: esto es, en el 1º de mayo.

Por lo menos el día 4 estaba confeccionado el de “asumir la soberanía de Entre Ríos, encontrándose en aptitud de entenderse con todos los países del mundo”, que el 6 remite Urquiza a Cuyás por la ballenera Paulita llegada a Montevideo el 9.  De éste, se enteró Pontes, pero no le da trascendencia de “público pronunciamiento” porque no lo tenía, y porque Urquiza lo comunicaba en la más estricta reserva.

¿Por qué demoró Urquiza el “público pronunciamiento” hasta el 11 ó 18 de mayo?  Supongo que por el prudente consejo de Cuyás a la niña enamorada: no ceder hasta no formalizar o por lo menos asegurarse el compromiso.  Lo ocurrido con ambos “pronunciamientos” es idéntico: tanto la circular del 8 de abril como los decretos del 1º de mayo, fueron demorados.  Pero los decretos tuvieron publicidad primero –el 11 de mayo, o a más tardar el 13– y por eso formaron el cuerpo del “pronunciamiento” contra Rosas.  La circular en cambio sólo sería conocida por sus destinatarios, los gobernadores argentinos (Virasoro aparte) al transcribirse en los periódicos entrerrianos del 25 de mayo de ese año.

En ambos “pronunciamientos” Urquiza obró de idéntica manera.  Los hizo redactar y después los guardó en una gaveta: tan sólo remite algunas copias a Montevideo “rogando reserva”.  Solamente ante la exigencia de Brasil y cuando conoce por su hijo Diógenes y por la carta de Cuyás del 2 de mayo, la presencia de la escuadra brasileña en el Plata, se resuelve a despachar sus buques según la gráfica expresión del catalán.

¿Popularidad del “pronunciamiento”?

¿Fue un acto emotivo de pueblo, el de la lectura de los decretos?  A decir de La Regeneración y Progreso habría habido “efervecencia popular” y “delirante entusiasmo” en las reuniones habidas en Uruguay, y en Gualeguayehú.  El calificativo es sospechoso.  En la copiosa correspondencia de Urquiza durante los meses de mayo y junio no hay muchas cartas de gratulación por el o los “pronunciamientos”.  Salvo las comprensibles de sus Comandantes departamentales, o de algún vecino correntino asilado y decididamente enemigo de Rosas (Berón – Ferre); casi por completo faltan las de sus coterráneos.  Tal vez los de Concepción del Uruguay fueran en persona a felicitar al general, pero no podría ocurrir lo mismo con los vecinos de puntos más alejados.  Da la impresión de que los entrerrianos no comprendieron el trascendental paso.  O que ninguno que no fuera empleado de gobierno se le ocurrió aplaudirlo.

Todo lo contrario: Juan José Urquiza, hermano del gobernador y vecino de Buenos Aires –que permaneció fiel Rosas– vuelve a aconsejarle fraternalmente el 28 de mayo que ponga sus propiedades a buen recaudo “pues tendrás que peregrinar en países extranjeros sin bienes” (1). El doctor Severo González, director de El Federal Entre-Riano de Paraná, renuncia al periódico y se aleja de la provincia “por no tener fe”; el coronel Hilario Lagos, jefe de policía de Paraná, deja el cargo y se va a Buenos Aires a ponerse a las órdenes de Rosas.

Años después el entonces general Francia, que en 1851 fuera Comandante de Paraná y debió como tal organizar y dirigir el “pronunciamiento” en esta ciudad, confesaba a Antonino Reyes la “violencia con que cedieron al pronunciamiento de Urquiza en 1851 los vecinos de Paraná”.

“Usted va a juzgar del estado de nuestro espíritu – escribe el 18 de enero de 1885 el veterano comandante de Urquiza al viejo edecán de Rosas– el día de la proclamación del bando y fijación de éste en las calles del Paraná, por el siguiente hecho histórico e imponente de que fui testigo: Yo era Jefe de las armas, y la orden se dio para la formación de todas las tropas que allí se hallaban en número de 2.500 hombres.  La columna se puso en marcha y no se oía más que la voz del pregón comunicando al pueblo la separación de la provincia de Entre Ríos y supresión de la encomienda al gobernador de Buenos Aires en las relaciones exteriores.  En la tropa se oía el mismo silencio durante la marcha.  De repente una sola y única voz (el Dr. Evaristo Carriego) gritó:

¡Muera el tirano Juan Manuel de Rosas!  La columna hizo un raro movimiento como de echar un paso atrás, toda ella, y nadie contestó” (2).

La República Independiente de Entre Ríos

El “pronunciamiento” consistió –como hemos visto– en la lectura pública por el pregonero, seguido por la tropa formada, de ambos decretos que llevan fecha 1º de mayo.  De ellos el fundamental es aquel en que Urquiza, en su carácter de gobernador de Entre Ríos en uso de las facultades extraordinarias que inviste (es decir: por sí solo -para lo cual se encantaba autorizado– y desde Uruguay y no obstante la existencia de un gobernador delegado o un ministro en la capital de provincia que era Paraná) acepta en términos irónicos una renuncia que habría presentado Rosas a “cultivar” las relaciones exteriores de la Confederación “delegada en su persona por todas cada una de las provincias que integran la República”, y en consecuencia, declara a la faz de la República, de la América y del Mundo:

“1º) Que es la voluntad del pueblo entrerriano reasumir el ejercicio de las facultades inherentes a su territorial soberanía, delegada en la persona del Excmo. Sr. Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, para el cultivo de las relaciones exteriores y dirección de los negocios generales de paz y guerra en virtud del tratado cuadrilátero de las provincias litorales fecha 4 de enero de 1831.

”2º) Que una vez manifestada así la libre voluntad de la provincia de Entre Ríos, queda ésta en aptitud de entenderse directamente con los demás gobiernos del Mundo, hasta tanto que congregada la Asamblea Nacional de las demás provincias hermanas, sea definitivamente constituida la república.”

Acompaña la firma de Urquiza (no puede decirse que la “refrenda” porque no es ministro), la de su novel secretario el doctor Juan Francisco Seguí, redactor material del documento.

Este decreto, legalmente, es falso y nulo.  Falso, porque Rosas no había renunciado, no podía hacerlo, a la encomienda de las relaciones exteriores de la Confederación.  Esta había sido dada en 1830 por tratados bilaterales y no por el tratado de 1831, que tampoco fue cuadrilátero (Seguí lo confunde con el de 1822), por las provincias litorales al gobernador de Buenos Aires; y por las demás provincias también al gobernador de Buenos Aires mediante leyes de sus Juntas de Representantes dictadas entre 1831 y 1834.  No estaba dada a la persona de Rosas, sino a quien ocupara el cargo de gobernador de Buenos Aires.  No podía Rosas renunciar a las mismas reteniendo la gobernación de Buenos Aires y Jamás lo hizo, por otra parte.  Seguí había tomado por el rabo, deliberadamente o no, las consideraciones de Rosas a la Junta de Representantes de Buenos Aires excusando en reelección en 1850 de gobernador de la provincia, aduciendo entre otras consideraciones el estado de su salud que le impedía “atender como se requiere el manejo de las relaciones exteriores, delegado por todas y cada una de las provincias de la Confederación Argentina en el gobernador de Buenos Aires”.  No renunciaba a la delegación irrenunciable de las relaciones exteriores de la Confederación, renunciaba a ser reelecto gobernador por la Junta porteña de Representantes.

Nulo.  Porque el gobernador de Entre Ríos quebraba el sistema de Confederación al separar –aún provisoriamente– a su provincia del concierto de las demás argentinas.

El sistema de Confederación se encontraba establecido en la Argentina por el Pacto Federal de 1831 y por diversos acuerdos interprovinciales y leyes provinciales.  En ellos se delegaba permanente e irrenunciablemente la soberanía exterior de las provincias a la entidad “Confederación Argentina”.  Un Pacto de Confederación no puede denunciarse, ni los estados confederados tienen un imposible derecho de secesión para romper a voluntad la unión federal.  No es un tratado de alianza entre Estados soberanos para cumplir objetivos determinados o temporarios; es el acto constituyente, irrevocable, de una nacionalidad permanente.  En una alianza, la soberanía exterior permanece en los Estados aliados, y en todo momento éstos conservan el derecho de denunciar el tratado de alianza y separarse de la liga: en una confederación, la soberanía exterior reside en forma irrevocable en el Estado constituido por la unión federal.  La “alianza” de Estados pertenece al derecho internacional, la “confederación” al derecho constitucional interno (3).

¿Qué fue en realidad el “pronunciamiento”?

Por el decreto del lº de mayo de 1851, el gobernador de Entre Ríos declaraba la independencia nacional de su provincia, limitada hasta el momento de reunirse “la Asamblea de la República”.  En virtud de esa independencia nacional la autoridad de Entre Ríos estaba en condiciones “de entenderse directamente con los demás gobiernos del Mundo”.

Hablando en hechos, por ese decreto Urquiza se atribuía la facultad de Jefe de una nación soberana a fin de que su Ministro Plenipotenciario firmase en Montevideo un tratado de alianza con el Encargado de Negocios del Imperio de Brasil.

Lo malo, lo monstruoso, es la dolorosa realidad que se pretende cubrir con el pabellón del temporario Estado independiente de Entre Ríos.  Es que el Ejército de Operaciones de la Confederación Argentina, preparado, armado y destinado precisamente a la guerra con el Imperio de Brasil, dejaba desde ese momento de ser una fuerza argentina.  Y con su general a la cabeza, cañones, parque, etc., provistos por la Confederación, pasaba a pertenecer a un ficticio Estado de Entre Ríos, aliado –por voluntad de su omnímodo gobernador– al Imperio de Brasil en su guerra contra la Confederación Argentina.

Lo malo no es la independencia temporaria de Entre Ríos, que al fin y al cabo era y seguiría siendo irrevocablemente Argentina.  Lo malo era el escamoteo del Ejército de Operaciones de la Confederación.

Referencias

 

(1) Juan Urquiza a su hermano Justo del 28 de mayo de 1851, AU año 1851, Leg. may/jun.

(2) General José María Francia a Antonino Reyes: repr. Por Adolfo Saldías, Historia de la Confederación Argentina (edición Editorial Americana), Tomo X, página 85.  Evaristo Carriego se arrepentiría después del pronunciamiento: “Caseros, digo yo, es la patria perdida y sacrificada sin esperanza”.  (Sila después de Mario, cit. Por M. C. Gras, Rosas y Urquiza, página 354)

(3) Algunos constitucionalistas argentinos para justificar jurídicamente el “pronunciamiento” de Urquiza, han hablado de un imposible de “derecho de secesión” que conservarían las provincias confederadas.  Lo hacen en base a escritores norteamericanos, ansiosos de justificar a los estados del Sur.  En el caso argentino, el Pacto Federal dice muy claramente en su Art. 1º: “Habrá paz, firme amistad y unión estrecha y permanente…” entre las provincias signatarias.  La unión permanente e irrevocable nació, pues, para Entre Ríos, desde el momento en que su delegado Crespo firmó el pacto en la ciudad de Santa Fe el 4 de enero de 1831, y la Junta de Representantes de la provincia lo ratificase el mes siguiente.  Desde entonces Entre Ríos es irrenunciablemente argentina.

Fuente: Portal www.revisionistas.com.ar

 

(Lágrimas de San Pedro, detalle de la pintura de El Greco, Museo del Prado, España)

 

La Banda de Cornetas y Tambores “Ntra. Sra. del Sol” volverá hoy a interpretar el tradicional toque desde la Giralda de las “Lágrimas de San Pedro".

Dichos toques catedralicios se realizan hoy día 28 de junio a partir las 12 de la noche y mañana 29 de junio a las 9:30 de la mañana y 12 del mediodía. Esta melodía rememora las lágrimas del apóstol y es repetida tres veces por cada cara de la Giralda, comenzando en dirección hacia el Alcázar, después hacia el Aljarafe sevillano, Plaza de San Francisco y Virgen de los Reyes, completando las cuatro caras…Mientras tanto, el cuerpo de alabarderos monta guardia en la puerta de palos. Una vez finalizados los toques el cuerpo de clarines y alabarderos se juntan a las puertas de la Giralda para realizar el rindan a la Virgen de los Reyes, Patrona de todos los sevillanos.

Tradición

Las lágrimas de San Pedro pueden ser, sin duda alguna, una de las tradiciones más íntimas y personales de la ciudad de Sevilla, cuyo origen se remonta a 1403, cuando, al volver el infante don Fernando de la conquista de Antequera, se hicieron grandes regocijos y repiques y luminarias como la noche de San Pedro. En 1551, el Canónico Rivera, destina sus bienes para financiar esta tradición. En las Memorias de fuego del abedor de la Iglesia Mayor don Juan de Eguirola se hace referencia al pago de fuegos artificiales, por encargo del mayordomo del Cabildo Catedral, realizan don Pedro de Villalobos y don Francisco Alemán. En 1629, el Cabildo dispone que sólo se permitan fuegos en la noche de San Pedro. Entre 1647 y 1648 es don Diego Alemán el responsable de esta celebración. 

Se interrumpe esta tradición entre los años 1839 a 1865 reanudándose a partir de entonces y sin interrupción hasta 1961. En 1983, a instancia del escritor y periodista Antonio Burgos y el comerciante sevillano, Rogelio Gómez, este último solicita, al Cabildo Catedral autorización para que seis componentes de la Banda de Cornetas y Tambores “Ntra. Sra. del Sol", interpreten los desaparecidos toques clarineros de “Las Lágrimas de San Pedro", dicha petición se hace en años sucesivos hasta que en 1986, el Cabildo aprueba que seis clarineros de banda la interpreten desde el campanario en la festividad de San Pedro, luciendo para ello el antiguo traje de gran gala del Regimiento de Caballería Sagunto VII, encargados en realizar la tradición antaño, y traje que tomaría esta formación musical como propio en años posteriores, siendo este su santo y seña en la actualidad.


Recuperación histórica

La recuperación de las tradiciones sevillanas es una de las señas principales de esta formación musical depositando en ello todo su empeño a lo largo de estos 35 años de historia, y destacando entre otras “Los Gozos de La Inmaculada” realizados en la mañana del día de la Inmaculada desde la iglesia de San Antonio Abad, sede de la Archicofradía del Silencio, y “Los Gozos de San Teodomiro” realizados el último fin de semana de Julio en la vecina localidad de Carmona.

 

(http://infocatolica.com/blog/fidesetratio.php/lagrimas-de-sevilla)

 

 

 

 

 

 

La primitiva parroquia de San Pedro se creó posiblemente sobre una antigua mezquita, aunque en esto dudan los autores, pues los restos al parecer musulmanes que existen en ella, son considerados en la actualidad como mudéjares. la iglesia de estilo gótico-mudéjar fue construida en el siglo XIV, aunque ha sufrido sucesivas reformas en los siglos XVI, XVIII, y finalmente, en el actual durante los años 1922-24.

EXTERIOR DEL TEMPLO

Esta Iglesia de gran porte y elegancia se complementa de una inmensa torre, la mas alta de Sevilla después de la Giralda. La torre consta de dos cuerpos rematados por un chapitel de azulejería. El primero corresponde a la etapa fundacional y conserva restos mudéjares. El segundo cuerpo, o el de campanas corresponde al siglo XVI. El remate, formado por un airoso chapitel, fue realizado entre 1593 y 1597 por Martín Infante.

La iglesia cuenta con dos fachadas; la principal que da a la calle Sor Angela de la Cruz, y la lateral que da a la plaza de San Pedro. La fachada de la calle Sor Angela, al pie del templo, es de tradición mudéjar y en ella destacan tres oculos (vanos circulares) . Las vidrieras que los ocupan representan a San Pablo y San José a los lados y a San Pedro en el centro (éste de mayores dimensiones).

La portada es del año 1612 y está formada por un arco de medio punto entre pilastras. A la derecha de esta portada se encuentra un azulejo de la Virgen Madre de Dios de la Palma de estilo Neobarroco y creada por Kiernam Flores en siglo actual.

La portada que da a la Plaza de San Pedro es de dos cuerpos; en el segundo se halla la estatua de San Pedro sedente realizada en piedra en el año 1624 por Martín Cardino. En la portada, realizada por Diego de Quesada entre 1613 y 1624, se encuentra una inscripción en latín que dice así; “Tú eres el pastor de las ovejas, príncipe de los Apóstoles; a ti han sido dadas las llaves del reino de los cielos”.

INTERIOR DEL TEMPLO

La Iglesia consta de tres naves, separadas por cuatro pilares rectangulares que rematan en arcos apuntados. Las naves están cubiertas con techumbres de madera; la central con rico aljarfe mientras que las laterales, en forma de colgadizo, carecen de decoración. El presbiterio está cubierto por una bóveda de piedra con nervios que se apoyan sobre pequeñas columnas adosadas a la pared.

El retablo mayor, situado en el presbiterio, corresponde a la segunda mitad del siglo XVII. Tanto la arquitectura como los relieves y esculturas son de Felipe de Rivas, si bien se conoce la intervención en una última etapa de su hermano Francisco Dionisio de Ribas. Comprende a uno y otro lado seis relieves alusivos al santo titular. En el lado de la izquierda, aparecen de abajo a arriba las escenas de La entrega de las llaves, Caída de Simón Mago y Pedro andando sobre las aguas. En la parte de la derecha, Liberación de San Pedro por el ángel, Quo vadis Domine y la Visión de Joppe o de las sabandijas. En la calle central figura el Santo titular, obra de Andrés de Ocampo (Cristo de la Fundación) realizada hacia el año 1591. Aparece San Pedro sentado en un trono, con la tiara papal y vestido con túnica y capa pluvial. Mientras en su brazo izquierdo sostiene el báculo, su mano derecha está en actitud de bendecir.

En el centro del segundo cuerpo se encuentra la Virgen de la Asunción, con una corona de estrellas y una peana cubierta de querubines. Arriba, en el tercer cuerpo, se encuentra la figura de Cristo crucificado, una talla muy semejante al Cristo de Burgos.

Junto a las gradas que dan acceso al presbiterio, a uno y otro lado, se encuentran dos altares con retablos neogóticos y pinturas de principios de siglo XIX. Es de resaltar la escultura del altar de la izquierda, que representa una Inmaculada del siglo XVIII. El altar de la derecha está dedicado a San Antonio de Padua.

A ambos lados del templo se abren un total de ocho capillas, una de la etapa fundacional del templo, la Capilla del Sagrario, y el resto de época posterior, de los siglos XVI y XVII. Son todas de planta rectangular, aunque de diferentes tamaños.

Las Capillas de la nave izquierda o del Evangelio.

La capilla de Nuestra Señora del Pilar consta de un retablo dorado de gusto neoclásico colocado en el año 1922. En el centro se encuentra la Virgen del Pilar con el Niño, de mediados del siglo XVIII. A sus pies está Santiago orando y dos figuras durmientes, que fueron añadidas en 1763. La imagen de la Virgen del Pilar es de pequeño tamaño: 1,15 metros con la peana, formada por una nube de querubines que descansa sobre la columna chapada de plata. A la derecha del retablo se sitúan, San José con el Niño, y a la izquierda, San Nicolás de Bari.

La Capilla del Cristo de Burgos está formada por un retablo moderno totalmente dorado. En el centro se sitúa el crucificado del Santísimo Cristo de Burgos, obra de Juan Bautista Vázquez el viejo, realizada en 1574.(es la obra documentada mas antigua en Sevilla). A la izquierda se encuentra la Virgen de Madre de Dios de la Palma, imagen de vestir, atribuida a Juan de Astorga, escultor que la tallaría en el siglo XIX. A la derecha, la imagen de San Juan Evangelista es obra moderna y de calidad inferior. Bajo el Cristo de Burgos se halla una talla de Niño Jesús, fechada en el siglo XVIII.

En la Capilla de la Virgen del Rosario se encuentra un retablo de gusto neoclásico de principios de este siglo. La imagen de la Virgen es de vestir y de mediana calidad artística. Debajo, encerrada en una urna con puerta de cristal, una imagen de la Inmaculada descansa sobre un pedestal. Los expertos la califican de joya del arte cristiano. A los lados de la Virgen del Rosario, sobre peanas, San Rafael a la derecha y el Angel de la Guarda a la izquierda. En la parte superior del altar, la imagen de San Juan Nepomuceno, que en los siglos pasados tuvo mucha devoción en la Parroquia, y a los lados, sentados sobre la cornisa, dos ángeles lampadarios de finales del siglo XVIII.

Un Baptisterio ocupa la 4ª capilla de la nave izquierda de la parroquia. De planta cuadrada, se cubre con bóveda de crucería. En el centro de la capilla se sitúa una pila bautismal. En un ángulo, una figura de tamaño natural porta una lámpara, que antiguamente se empleaba como pie para el cirio pascual.

Al pie de la nave del Evangelio, y junto al baptisterio se encuentra el Retablo de Nuestra Señora de la Paz, formado por cinco tablas y un banco. Es obra de Pedro Campaña , uno de los grandes maestros de la pintura sevillana del siglo XVI. En el centro del banco está representada la Anunciación de la Virgen y a ambos lados dos pequeñas tablas con los familiares del donante del retablo, con los hombres a un lado y las mujeres al otro.

Sobre la entrada de la Iglesia se alza el órgano construido por Blas Beracoechea en 1904. De estilo típicamente romántico, consta de dos teclados manuales de 56 notas y un pedalero de sólo trece teclas de tamaño mediano.

Las Capillas de la nave derecha o de la Epistola

La Capilla del Sagrario , fue utilizada en tiempos antiguos para enterramientos. Posee una preciosa bóveda de lacería mudéjar, fechada en 1379, que representa uno de los pocos restos de la primitiva Iglesia construida en l siglo XIV. El retablo de azulejería es moderno, en el se encuentra Nuestro Padre Jesús de la Salud, genial talla del siglo XVII de Felipe de Ribas.(ahora en restauración +1 año).(anécdota Los Gitanos). A uno y otro lado del retablo se sitúan San Sebastián y San Roque, de la escuela de Duque Cornejo. Las figuras del Sagrado Corazón y Virgen de Fátima son modernas y de escasa calidad artística, afeando la capilla. En las paredes aparecen tres cuadros de bella factura, Santa faz, en la pared de la izquierda, atribuida a Zurbarán, Alegoría Eucarística, de Lucas Valdés, y Cristo atado a la columna de Luis de Morales.

La Capilla de Animas del Purgatorio es de planta rectangular, con zócalo de azulejería y es de dimensiones muy reducidas. La mayor parte de la capilla la ocupa un gran lienzo que representa las ánimas del Purgatorio. Obra de Domingo Martínez en el siglo XVIII. Éste sustituyó a uno de Alonso Cano, ahora desaparecido. En la fachada que da a la Plaza hay un azulejo que es una copia del cuadro del interior. El azulejo es obra de Kiernam Flores en el presente siglo y se divide en tres partes claramente diferenciadas; 1- en la parte inferior un grupo de personas arde entre un mar de llamas que les rodea con marcada expresión de sufrimiento. Algunos llevan distintivos que nos revelan sus cargos o funciones que desempeñaron en vida; aparecen reflejados reyes, reinas, obispos, sacerdotes y emperadores, en clara alusión de que no desempeñaron su cargo de forma cristiana. Este grupo de personas representan las ánimas del purgatorio. 2- un segundo plano lo constituye el centro del azulejo, en el que se representa a un grupo de ángeles que sacan del infierno aquellos que se han arrepentido y quieren ascender al cielo. 3- en la parte superior se sitúa Dios flanqueado tanto por apóstoles, como santos, o padres de la Iglesia.(gorrión)

La Capilla de San José ocupa el hueco de la torre, y tras ella se encuentra la sala de reuniones de la Hermandad del Cristo de Burgos. Se trata de un retablo dorado con una gran hornacina donde aparecen las imágenes de San Joaquín, San José y Santa Ana. San José(1,40) es del siglo XVII y de gran calidad artística. Los santos Joaquín y Ana (1,25 m) son posteriores y de inferior calidad.

HERMANDADES Y COFRADÍAS

Cristo de Burgos (de penitencia). Fundada en la segunda mitad del siglo XVII, aunque reorganizada a principios de este siglo. Desde 1942 ostenta el siguiente título Pontificia, Real , Ilustre y Fervorosa Hermandad del Santísimo Cristo de Burgos, Negaciones y Lágrimas de San Pedro, y Madre de Dios de la Palma. En un principio ostentó también la de Santo Sudario, pero en 1927 lo reclamó la Hermandad del Buen Fin, concediendosela la del Cristo de Burgos en 1943 por mutua concordia. En 1948, la Hermandad concedió el título de Hermano Mayor Honorario al Ayuntamiento de Burgos, quién desde entonces envía todos los años una representación en su salida procesional del Miércoles Santo.

Como curiosidad destacar que el Cristo de Burgos original se encuentra en la Catedral de Burgos. Su peculiaridad radica en estar hecho de piel de búfalo, de manera que si se le quitase un clavo de la mano el brazo se descolgaría al instante.

Actualmente la Hermandad posee al final de la plaza un pequeño edificio en el que se ha instalado la casa hermandad.

Sacramental de San Pedro y Animas Benditas del Purgatorio. (problema de que existe sin existir). Se desconoce su fecha de fundación, aunque sus orígenes se sitúan a principios del siglo XVI. Celebra tripudo al Santísimo los días 1,2 y 3 de Enero, y solemne quinario de Animas en el mes de Noviembre. Posee esta Hermandad una amplia sala capitular de dos plantas con notables piezas artísticas. Destaca su cruz procesional del siglo XVII.

Nuestra Señora del Pilar (de Gloria). Existen dos posturas acerca de su origen: por un lado la Hermandad está celebrando este año los 750 años de existencia, por lo que sitúan sus orígenes justo después de la toma de Sevilla por Fernando III(siglo XIII). Por otro lado, las fuentes documentales no remontan sus orígenes mas allá del siglo XVII, mas exactamente al año 1695. La semana pasada (5-12 de Octubre) se han venido celebrando conciertos, conferencias y numerosos cultos, a los que han acudido numeroso público. Se ha celebrado el triduo a la Virgen y la función principal el pasado Lunes, saliendo posteriormente la Virgen en procesión por las calles de la feligresía. Además todos los días 2 de cada mes, hora santa ante el altar de la Virgen.

ANÉCDOTAS

Junto a la Capilla del Pilar existe una placa o lápida que atestigua que Diego de Silva y Velázquez, al mas eminente de los pintores españoles, fue bautizado en San Pedro el 6 de Junio de 1599. Pintor de la corte que dejó en el Museo del Prado (Madrid) la estela inmortal de sus maravillosos cuadros. En e archivo de la Parroquia se conserva su partida de bautismo y la de matrimonio de sus padres Joao Rodríguez de Sylva y Jerónima Velázquez, que está fechada el 28 de Diciembre de 1597.

Texto: José Alfonso Muriel - Fotos: Francisco Santiago

(fuente: http://www.sevillainformacion.org/templos/parroquias/sanpedro/index.html)

 

 

 

PRENSA E IDENTIDAD DE LOS ESPAÑOLES INMIGRANTES EN LA ARGENTINA:  EL DIARIO ESPAÑOL DE BUENOS AIRES EN LOS COMIENZOS DEL SIGLO XX


Marcela García Sebastiani1

Universidad Complutense de Madrid
http://www.americanistas.es/biblo/textos/11/11-59.pdf

 

La prensa de las colectividades extranjeras constituye un espacio privilegiado de análisis para medir las tramas de significados alternativos y/o simultáneos en contextos multiculturales e interpretar las intersecciones de un cualquier grupo de inmigrantes en sociedades más amplias.

Concentra, además, una amplia gama de dimensiones y múltiples facetas para su abordaje: como ámbito de trabajo y de sociabilidad de un núcleo de profesionales procedentes de un contexto político, cultural y social diferente al de las sociedades receptoras, como medio de información y de opinión desde una perspectiva étnica, como eslabón de asistencia al emigrante mediante unos avisos publicitarios que operaban unas veces de bolsa de trabajo y otras de oportunidades de negocio local y transatlántico, como agente de movilización de los activos de las organizaciones o colectivos más extensos de la colectividad, como plataforma para la discusión de principios y herramientas de ciertos inmigrantes con itinerarios personales y una vida pública que oscilaban entre el mundo de los negocios y de la política, como formadora de imágenes y creadora de representaciones de los conflictos políticos y sociales que acontecían tanto en la sociedad de origen, como en receptora; finalmente, como constructora –o reconstructora– de identidades e intermediaria de visiones e ideas concretas sobre los problemas y ensayos políticos contemporáneos.

El Diario Español fue el principal periódico de la colectividad de inmigrantes españoles en la Argentina desde comienzos del siglo XX. Si bien dicha publicación de carácter étnico no tenía una tirada comparable a la de los principales periódicos porteños, formaba parte del escenario político y ocupaba un lugar en el debate público. Informaba puntualmente sobre los conflictos y los personajes más relevantes de la vida política española y no era, por otra parte, indiferente a los cambios sociales y políticos locales. Fue un importante medio de expresión pública y ayudó, por tanto, a construir imágenes, identidades, representaciones de la colectividad emigrante española por encima de sus diferencias sociales, étnicas y políticas, constituyéndose como la voz de la colonia y forjador de opiniones concretas. En los últimos años salieron a la luz una serie de trabajos a partir de una historia política renovada que mostraron cómo la prensa, en general y la de las colectividades extranjeras en particular, no había sido una fuente indagada y apreciada en toda su dimensión2. Recientes análisis, poniendo la mirada en las fórmulas de integración de los inmigrantes en la sociedad receptora, han destacado el rol de los periódicos de las colectividades extranjeras en la mediación entre la sociedad civil y la política, enfatizando el papel de la prensa como vía de participación alternativa al de la representación política y como formador de una opinión ante los conflictos y cambios políticos que trascendía al debate público argentino3. En todo caso, no abundan estudios sobre la prensa de la colectividad española en la Argentina o análisis de problemáticas relacionadas con el tema migratorio del colectivo étnico español en la Argentina que hayan explorado esa fuente para sacar conclusiones o fundamentar resultados de investigación4. De hecho, no tengo conocimiento de algún trabajo monográfico sobre El Diario Español, excepto una descripción hecha por uno de los colaboradores del periódico en Madrid en sus inicios o generalidades sobre él en memorias de políticos, inelectuales y periodistas españoles que reseñaron su paso por la Argentina5. Las investigaciones pioneras en torno a la prensa de los colectivos migratorios en la Argentina se concentraron esencialmente en su papel entre la colectividad italiana como elemento de opinión y de representación para el debate público argentino6 y sólo los repasos atentos a la emigración desde la perspectiva del nacionalismo gallego han hecho unas primeras valoraciones en torno a este tipo de fuente, tanto para explorar nuevos temas o reconsiderar ciertos tópicos anclados en la problemática de la emigración7 Es objetivo de estas líneas, por tanto, adentrarse en los orígenes de la prensa de la colectividad española en la Argentina, seguir su desarrollo y los avatares en las primeras décadas del siglo XX para, finalmente, desplegar el papel desempeñado por El Diario Español como gestor de la identidad étnica entre el colectivo de los inmigrantes españoles en la Argentina.

Los orígenes de la prensa de la colectividad española en la Argentina

Las elites de las colectividades extranjeras que vivían en la Argentina entendieron la prioridad, desde muy temprano, de tener una prensa propia para informar y representar los intereses de sus connacionales, forjar opinión, y alentar la participación en la vida pública de quienes habían tomado la decisión de emigrar a la Argentina; en definitiva de intervenir en la esfera pública mediante el ejercicio de mediación entre la sociedad civil y la política8. Desde la década del sesenta del siglo XIX, la prensa se había desarrollado de forma acelerada, especialmente en la ciudad de Buenos Aires. Cuando en 1883, Ernesto Quesada publicó un primer informe sobre la prensa periódica argentina contemporánea, en aquel país, entonces con 3.026.000 habitantes, circulaban 224 periódicos9. Si bien en esa primera etapa del periodismo argentino, la cantidad de periódicos era importante, también lo era la profusión de títulos y la variedad de contenidos que ofrecían los diarios, semanarios, revistas de información general, política, religiosa o profesional; casi todos escritos en español, pero también los había redactados en las lenguas de las colectividades extranjeras radicadas en el país. De todos los experimentos iniciales hechos por éstas, los más exitosos parecen haber sido los de colectividad italiana, cuyos periódicos adquirieron gran difusión y continuidad desde la década del 1870, destacando entre ellos La Patria degli Italiani10.

Los españoles fundaron El Diario Español en 1905 y su edición se prolongaría hasta entrados los años cuarenta del Siglo XX. Pero no fue el primer intento de la colonia española de forjar una empresa periodística. La colectividad española tuvo su primer periódico en 1852. Entonces, legado dos años antes a la Argentina, el madrileño Benito Hortelano, amigo y protegido del general Urquiza, había fundado El Español, desde donde aconsejaba a sus connacionales a tener repararos para participar en las disputas políticas de la Argentina. El mismo año apareció la Revista Español, cuyas páginas facilitaron la publicación de avisos que servían para cubrir las necesidades de los españoles en la ciudad y en la campaña cercana11. Más tarde, en 1872 salió El Correo Español. Su director, Enrique Romero Jiménez, un emigrado de convincentes ideas republicanas y con gran entusiasmo para participar en la política y en la vida pública argentina, ayudó a propagar entre la colonia española una especie de culto idolátrico de las intervenciones militares y públicas de Bartolomé Mitre, según contaba en la crónica sobre la prensa de la colectividad española que haría Blasco Ibáñez en 1911 tras su paso por la Argentina12. En 1880, Romero Jiménez murió tras un duelo que mantuvo con otro republicano emigrado –Paul Angulo– y su padrino en aquella romántica acción de honor, Justo López de Gomara, recién llegado a la Argentina, asumió la dirección del periódico y estuvo al frente de él a lo largo de una década. El joven republicano reactivó al periódico de la colonia española que se imprimía en Buenos Aires. Con López de Gomara como director y propietario de El Correo Español, la tirada de ejemplares creció considerablemente. Si en sus comienzos su tiraje había sido de 1.000 ejemplares diarios, hacia 1887, cuando por vez primera se registraron oficialmente los diarios y revistas editados en la ciudad de Buenos Aires, se había elevado a 4.00013. Y, bajo su dirección, además, se puso en funcionamiento una redacción propia en Madrid, a cuyo cargo fue nombrado el periodista republicano Julián de la Cal –el mismo que en 1908 vendría a la Argentina de la mano del republicano radical Alejandro Lerroux “para dejarlo bien situado”14 – y se establecieron con ella servicios telegráficos exclusivos.

Los redactores de El Correo Español prestaron especial atención a las informaciones referentes a la madre patria y a la colonia local. Por sus páginas pasaron crónicas escritas por Emilio Castelar, Ramón de Campoamor, Nicolás Salmerón, Benito Pérez Galdós, Víctor Balaguer, Rafael María de Labra o José Ortega Munilla; a veces eran reproducciones de artículos de opinión o información publicada originariamente en la prensa de la península que, en cualquier caso, intentaban recrear las imágenes negativas y cargadas de antimodernidad que sobre España tenían gran parte de los sectores ilustrados de la Argentina15. Y, también, a canalizar para el debate público argentino, propuestas, ideas y discusiones que implicaban a los políticos españoles. Con todo, en su cobertura periodística sobre España sobresalían las informaciones vinculadas con los sectores más o menos disidentes a la monarquía y de abierto apoyo a la causa republicana. Y es que en sus talleres trabajaban un gran número de periodistas republicanos que habían emigrado desde España a la Argentina; muchos también se habían incorporado a las redacciones de los periódicos nacionales. Para la embajada española en la Argentina era, por tanto, un verdadero quebradero de cabeza cómo menguar la publicación de noticias contrarias a los intereses monárquicos.

Como el resto de los diarios de las colectividades extranjeras, además de incorporar las noticias del exterior, reseñaban sobre los acontecimientos locales; en parte para informar a sus lectores –muchos de ellos nuevos emigrados– sobre los hechos políticos y las celebraciones más relevantes de la Argentina16.

En 1891, la publicación pasó a ser propiedad de Rafael Calzada, uno de los más descollantes miembros de la colectividad española en la Argentina y, más tarde, fue adquirido por Fernando López Benedito. Formaban parte de su equipo de redactores a E. Vázquez de la Morena, Enrique y Emilio Vera, R. Ballesteros, A. Poleró Escamilla y, como novedad de la nueva dirección, el periódico publicaría quincenalmente una hoja aparte como revista comercial17. Los últimos años de El Correo Español estuvieron asociados a la politización emprendida por los republicanos españoles emigrados a la Argentina a favor de la renovada causa republicana que había despertado en la península las elecciones de 1903 y la entrada de una nutrida representación extramuros al turno monárquico. Para quienes impulsaron la experiencia de sociabilidad y de movilización de un amplio sector de la emigración española no por finalidades mutuales o culturales sino políticas, la prensa resultaba un instrumento de primer orden para fijar los significados sobre el acontecer político en España, tener cierta presencia pública, y, finalmente, asegurar la trasmisión de unas ideas y símbolos con valores elaborados y codificados por los notables del colectivo.

Las peripecias empresariales y el inicio del fin de El Correo Español se vieron envueltas, por tanto, en las estrategias del grupo de republicanos españoles en la Argentina, los de la Liga Republicana Española se había constituido, desde los tiempos de su fundación en 1903, en el auténtico portavoz de ese sector de la colectividad identificado con el republicanismo de la península, buscaban otro medio para conciliar republicanismo, antimonarquía y popularidad. La oportunidad se había presentado a finales de 1903. Meses antes, Rafael Calzada, presidente de aquella Liga y uno de los mayores accionistas de El Correo Español, se había hecho cargo de la sociedad, que en enero de 1903 había pasado a ser de carácter anónima, con el fin de reflotarla. Con la mayor parte de las acciones de la empresa periodística, Calzada convocó una asamblea para reformar sus estatutos y, tras tener el apoyo de una mayoría de socios, se pronunció a favor de que el periódico tuviese un carácter político que antes no tenía. Inmediatamente después, Ricardo Fuerte, un periodista republicano de vieja estirpe y con intereses de lograr apoyos económicos para la causa republicana en la península entre los ricos emigrados en la Argentina, terminó haciéndose con la dirección de El Correo Español.

Desde entonces, un moderado discurso a favor de las consignas republicanas, democráticas y populistas sin dejar de informar al lector culto o popular de la situación política, social, económica y cultural española, el de El Correo Español, compaginaba con otro desde donde se desplegaba, con el mejor estilo de sensacionalismo tipográfico, un lenguaje corrosivamente antimonárquico, el de La República Española18.

 El Diario Español comienza a andar y a gestionar la identidad de los españoles en la Argentina La publicación de El Correo Español se suspendió en octubre de 1905; el periódico no había podido hacer frente a una deuda judicial y fue rematado. Entonces lo compró Justo López de Gomara, con cierta experiencia en el mundo periodístico, y se puso al frente de la nueva empresa editorial que denominó El Diario Español; algunos consideraron la solución para continuar con el desaparecido periódico de la colectividad19. Tres años antes, López de Gomara había regresado al periodismo porteño y comenzado a publicar en El Diario, uno de los tres periódicos nacionales argentinos de mayor circulación –además de La Prensa y La Nación-, una sección dedicada a la colectividad española que tituló Páginas de España20, siendo éste otro antecedente inmediato de El Diario Español. El primer número de El Diario Español echó a andar el 1º de febrero de 1905. Desde entonces, prologaría su edición sin interrupciones hasta entrados los años cuarenta del siglo XX y se forjaría como la voz de opinión más representativa del colectivo de la emigración española en la Argentina, por encima e inclusiva de las diferencias políticas y de opinión, y de identidades regionales y nacionalistas que comenzaron a eclosionar en el seno de la colectividad pocos años después de la aparición del periódico. Desde sus orígenes, la publicación estuvo muy asociada a su director, Justo López de Gomara; por lo menos hasta su muerte que ocurrió en 1923. Hombre con cierta experiencia en el mundo de la empresa periodística y con vínculos en la profesión, desconocía, sin embargo, si el proyecto iba a prosperar. La incertidumbre y los pocos medios económicos con los que contaba le llevaron a concertar con antiguos colaboradores afines la utilización de los talleres gráficos de El Diario, con el que no había dejado de colaborar. Fue en 1909 cuando finalmente pudo establecerse por cuenta propia.

Su aparición fue, en general, bienvenida en el seno de la colectividad. Pero no dejaron de manifestarse ciertos reparos. Por ejemplo, Ricardo Monner Sanz, uno de los miembros de la amplia elite de la colonia española en la Argentina, declaradamente monárquico, escribió para su corresponsalía para la Revista Mercurio de Barcelona que su director, López de Gomara era un “periodista de buena cepa” y que la buena marcha del nuevo periódico dependía de su sapiencia para “sustraerse a la influencia de los politiqueros que también pululaban (entre los emigrantes españoles en la Argentina), y (no) entretenerse en averiguar pequeñeces de la política española, que a pocos (interesaban) y que (...) perjudicaban a los ojos de los argentinos”. Sólo así, en la lectura de Monner Sanz, el periódico “habría hecho obra meritoria”21. Y es que El Diario Español había salido a la luz en tiempos en que los notables de la colonia estaban divididos por motivos políticos. La formación, en 1903, de La Liga Republicana en la Argentina, como se ha señalado, había reunido a un considerable grupo de españoles que fundían su identidad en el propósito de apoyar políticamente y de incidir a favor de la causa republicana en España y no para ensayar fórmulas que repercutiesen directamente en la vida política argentina22. Sabedor de las discrepancias que esa decisión había causado en el seno de la colectividad española y entre la propia familia de republicanos, López de Gomara se definió favorable a conciliarlas y apostó por un periódico autónomo que se forjase como la voz de los intereses de España y de la colonia local, que era “una feliz anarquía”, y facilitase, a su vez, su integración en la vida política 23.

La redacción de El Diario Español se instaló en la porteña calle Victoria número 659 y su sede constituyó en un lugar de encuentro y de sociabilidad para la colectividad española24. Con tiradas menos numerosas que los grandes diarios, salía todas las mañanas, excepto los sábados, y se distribuía por las ciudades y pueblos del interior argentino. Bien había reseñado el republicano Blasco Ibáñez tras su paso por la Argentina en 1910 que, a diferencia del resto de los periódicos de las colectividades extranjeras que vivían en la Argentina, la prensa de los españoles estaba especialmente sujeta a la competencia de los diarios nacionales ya que uno y otros estaban escritos en un mismo idioma. De hecho, comentaba el prolífico escritor valenciano, el español que vivía allí no tenía que leer un periódico redactado por españoles para mantenerse informado y, además, los diarios argentinos ofrecían mayor cantidad de lectura e información que las brindadas por el modesto diario de la colectividad. En defensa de esa desventaja, y en medio de la conquista de un rico mercado de lectores y de públicos difusores de la información suministrada en el periódico, los redactores del periódico español alegaban que “los diarios nacionales, por perfectos que tengan sus servicios informativos, no los refleja(ba)n ni p(odía) reflejarlos con criterio español, ni en perfecta armonía con las miras y tendencias de (los) intereses colectivos”25.

Con todo, El Diario Español era el que mejor informaba las noticias sobre España. Éstas, sin embargo, estaban tamizadas por la opinión previamente tejida en el periodismo madrileño y moldeadas por la cosmovisión republicana, progresista y liberal y democrática de su director y colaboradores. El periódico contaba con una oficina de redacción propia en Madrid. Su director, Andrés Mellado, con cierta cercanía a uno de los jefes del Partido Liberal, Segismundo Moret, organizaba toda la información que se publicaba sobre España sobre literatura, arte, política y todo aquello que pudiese interesar a los compatriotas emigrados. Para ello, el periódico tenía un servicio telegráfico especial con la redacción en Madrid que le permitía trasmitir hasta 7.000 palabras en un solo día; todo un signo de modernidad para un diario de españoles en América. Entre sus colaboradores en Madrid figuraban, entre otros los catedráticos Adolfo Posada y F. Pérez Bueno, el militar Bernández de Castro, Miguel Troyano, Fabián Vidal, Baldomero Argente, Antonio Cortón, Ramiro Blanco, Conrado Solsona, A. Villegas, R. Solier y María Atocha de Bernard. J. Roca y Roca enviaba desde Barcelona la información para “Crónicas Catalanas”26.

Aunque López de Gomara se esforzara para que su periódico fuese la mejor fuente de información sobre la actualidad política española y se convirtiese en la voz de la colectividad sin verse salpicado por las diferencias políticas e ideológicas de sus miembros, difícilmente pudo disociarse de su pasado republicano y de su adscripción a una línea de tradición político cultural de raíces liberales, progresistas, republicanas, democráticas que, sintonizaba, además, con valores propios del liberalismo argentino. De hecho y en general, desde El Diario Español se trataban con más despliegue informativo las noticias que hacían referencia al republicanismo y a los republicanos en España que a las de la monarquía, aunque éstas no faltaban27. Y no era el único periódico de los españoles en la Argentina que noticiaba preferentemente a los hombres y acciones del pasado y presente del republicanismo en España. Las divisiones de la familia republicana también habían llegado al periodismo de los españoles en la Argentina. Los republicanos radicales, que desde la emigración simpatizaban con Lerroux, tenían su propia prensa. Desde El Republicano Español, y bajo la dirección de Indalecio Cuadrado, se vertían las críticas más duras hacia la monarquía y los partidos participantes del turno pacífico28.

Formaban parte de la redacción de El Diario Español un grupo de colaboradores que habían ejercido el periodismo en España antes de emigrar. Entre ellos, José Ramón Lence, nacido en La Coruña y llegado a la argentina en 1894. Con actitudes políticas cambiantes a lo largo de toda su vida (1874-1951), cuando se incorporó a la redacción de El Diario Español, en 1905, participaba de la corriente regeneracionista desde posiciones social católicas y nacionalistas que le llevaron a simpatizar con el maurismo, primero y con el nacionalismo gallego, más tarde. La evolución del Lence como periodista, muestra cómo, para algunos redactores, El Diario Español, se convirtió en plataforma para posteriores ensayos de emigrantes ilustrados para erigirse como conductores de unos principios de calado nacionalista en la esfera pública rioplatense. En efecto, en 1906, el periodista gallego lanzó la idea de constituir un gran centro mutualista gallego que al año siguiente se cristalizaría con la fundación del Centro Gallego de Buenos Aires. Poco tiempo después, el periodista alentó la formación de El Correo de Galicia que sería interrumpidamente hasta 1946 la voz de la emigración gallega en la Argentina29.

Otros colaboradores de El Diario Español también habían tenido un pasado vinculado al mundo periodístico antes o después de emigrar. Rafael Manzanares, el subdirector, había desempeñado en España algunos cargos públicos y llevaba años ejerciendo otros en la prensa argentina. Javier Santero, un antiguo profesor en la Facultad de Medicina de Madrid, era el encargado de realizar las críticas artísticas30. Francisco Mas y Pi tenía como tarea realzar la imagen de la colectividad y de sus miembros más destacados durante el escaparate de las celebraciones del centenario del pronunciamiento de los notables de Buenos Aires por dejar de formar parte de un ya alicaído imperio español. Las alocuciones favorables al legado español recibido que se habían desatado en los tiempos del Centenario en la sociedad de acogida se tornaban operativas fundamentalmente tanto para afirmar unas posiciones de jerarquía dentro de la colectividad como para disuadir a otras fuerzas que, dentro, del conjunto de la emigración, se pronunciaban a favor de un renovado republicanismo político en la península, de los nacionalismos regionales emergentes o de un renacido anarquismo31. La numerosa elite de emigrados temía la ocupación de los espacios de sociabilidad, de reconocimiento, de opinión y de influencia que había creado en la Argentina en tiempos anteriores de la llegada masiva de la emigración española en un contexto de creciente movilidad social. No era casual, por tanto, que desde El Diario Español, López de Gomara aconsejara que “no e(ra) la inmigración intelectual la que necesita(ba)n estos países (como la Argentina), sino braceros, hombres rudos (....), la inmigración de blusa, no la de levita, porque esta, con sus ambiciones, muy legítima y muy juntas, fracasa(ba) lamentablemente ...”32. Los recursos para desengañar esos temores pasaban por procurar forjar entre la mayoría de los emigrantes españoles una identidad étnica de fuerte sentido patriótico, integradora, incompatible con otras que hicieran alusión a la condición social, simpatía política o la región de procedencia y que facilitase, además, la integración en la sociedad receptora sin muchas rupturas. También, por asegurar el control social de amplios públicos, para lo que resultaba conveniente tanto aliviar las viejas discrepancias político-ideológicas que existían en el seno de la colectividad como enaltecer la experiencia migratoria de los miembros más consolidados y de aquellos que habían logrado fortuna y posición social. El Diario Español se sumó a tales intenciones elitistas. Debía, por tanto, compensar mejor las informaciones y representaciones construidas en relación con el país de origen. De lo que se trataba era de lavar un poco la imagen del periódico, atemperando los discursos e identificaciones claramente favorables a las corrientes y líderes del republicanismo en España, y lograr que aquellos “deslices” del pasado dejasen paso a identificaciones menos tendenciosas políticamente y más dotadas de símbolos positivos en torno a un patriotismo de carácter nacional español. Por eso, el periódico de Gomara organizó una serie de concursos literarios y periodísticos para premiar las monografías sobre españoles que se habían distinguido en la vida pública argentina; el periodista Más y Pi fue el encargado de la selección.

Como ocurría con los restantes periódicos de las colectividades extranjeras en la Argentina, El Diario Español –y antes El Correo Español– existía gracias a las suscripciones abonadas por adelantado por sus lectores; permitían aquellas garantizar la aparición de la publicación y su distribución entre su principal clientela, la colonia española. Otros, aunque menores, ingresos y públicos provenían de la venta callejera en los quioscos de las principales arterias de la ciudad donde los paseantes o visitantes oían vocear el comercio de las diversas ideas ofrecidas por la prensa escrita en los diferentes idiomas de las colectividades extranjeras que vivían en la Argentina34. Pero dejar de depender del mercado de suscripciones no era tarea fácil. Las entradas del periódico se complementaban con los avisos publicitarios que, en general, encargaban los emprendedores emigrados; el éxito también dependía de los aportes especiales o del esfuerzo por diversificar una empresa que generalmente no daba muchas ganancias, incorporándole actividades adicionales como la impresión y la venta de otro tipo de publicaciones, o funcionando como agencias intermediarias para la venta de pasajes. No fueron ajenos a los intentos de estabilizar el negocio periodístico la conversión de la empresa en una sociedad de acciones anónimas con el fin de amenizar los riesgos. Hacia finales de 1911, el periódico pasó, tras una venta de unos 500.000 pesos de los de entonces, de la propiedad de López de Gomara a la de una sociedad anónima, cuyas acciones fueron adquiridas entre los más ricos y renombrados miembros de la numerosa elite de la colectividad española como el abogado y republicano Rafael Calzada, el médico Avelino Gutiérrez, los periodistas Felix Ortiz y San Pelayo y Manuel Llamazares, hombres relacionados con el mundo comercial, financiero y de la incipiente industria como Gonzalo Sáenz, Anselmo Villar, Jorge Mitchell, Casimiro Gómez y León Durán; hasta Vicente Blasco Ibáñez se hizo con un paquete de 100 acciones de El Diario Español, S.A.. El periódico ya no podía sobrevivir sólo de la publicidad de unos avisos comerciales que, al tiempo de ser una fuente importante de financiamiento, imprimían ciertas señas de prédica periodística con un gran sustento ideológico haciendo alusiones a los problemas políticos de España, apelaciones a las virtudes éticas, y críticas  la política del gobierno local. Tampoco podía sostenerse de unas suscripciones que eran generalmente pagadas con retraso y tras el recordatorio que insistentemente hacía López de Gomara a sus compatriotas desde el periódico. Tras esa operación comercial, su fundador continuaba, no obstante, como director técnico remunerado de la publicación. No sólo se trataba de liberar a López de Gomara de los sinsabores económicos después de treinta años de estar al frente de diferentes empresas periodísticas de la colectividad española, sino también de procurar mejoras empresariales que ayudasen al reconocimiento de la vida colectiva y la labor patriótica de los emigrados. Por eso, entre los propósitos de la nueva sociedad estaban los de construir un edificio propio y los de crear una sucursal editora en Madrid para dar a conocer su política e intereses.

Para lo que se apelaba, una vez más, a la suscripción y a la publicidad de profesionales de la industria y del comercio de la colectividad como acto de solidaridad patriótica y de representación visible del colectivo35. Primaba, por entonces, menos la rentabilidad económica de la publicación que la preocupación de un conjunto de dirigentes de los emigrantes españoles por construir un imaginario nacional lejos de sus países de origen; una identidad patriótica, además, que era posible recrearse a partir de otras lecturas, nuevas –y no por ello menos comprometidas con el presente– de los conflictos de la madre patria, y en un contexto de coexistencia multicultural como era la Argentina entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.

En la redacción del El Diario Español, como antes el Correo Español, se imprimían, además, todas las publicaciones oficiales del Consulado y de la Legación Española en Argentina. Conocedor, además de los conflictos que los intereses republicanos habían implicado en el pasado a la prensa de la colectividad, su directo quería evitar conflictos con la representación monárquica.

Pero, a la vista de los avatares económicos que exigía la edición del periódico, procuró asegurarse ingresos fijos para la empresa. Hacia 1910 había negociado finalmente con la legación un pago mensual de 1.000 pesetas de las de entonces por los servicios de imprente ofrecidos a Legación. Parece ser, sin embargo, que a pesar de los ruegos de López de Gomara, la Embajada no cumplió su parte del trato. De hecho, ocho años más tarde, el insistente director, justificando justicia y patriotismo, escribió al entonces Ministro de Gobierno, Antonio Maura rogándole que el gobierno español saldase sus deudas con el periódico que siempre había atendido, desde lejos, los intereses nacionales. Tuvo como respuesta más que promesas, nuevas esperas36. Las páginas de El Diario Español no se habían mostrado, en el pasado, muy favorables a Antonio Maura y al Partido Conservador, fundamentalmente por considerar sus políticas favorables a un clericalismo antiliberal con el que el periódico nunca se había identificado. No obstante, años más tarde, la posición de neutralidad mantenida por los conservadores monárquicos durante la I Guerra Mundial había acercado a Maura y López de Gomara a tal punto que El Diario Español defendió la postura de Maura ante el conflicto ante las críticas aparecidas al respecto en La Nación37.

El Diario Español, al igual que lo serían las asociaciones de carácter étnico, fue uno de los ámbitos de gestión de una identidad patriótica construida a partir del reconocimiento de una unidad étnica y afirmada en un nacionalismo de carácter español e integrador a pesar de la presencia de otras identidades políticas y culturales asociadas con las regiones de origen o con afinidades ideológicas. Como se ha venido señalando, las elites profesionales y económicas de la colectividad española en la Argentina, generadoras, además, de distintos espacios de control social, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX adquirieron, lejos de España, un regenerado sentimiento de patriotismo español y de pertenencia a una nación, la española, por encima, incluso, de los demás nacionalismos que por entonces comenzaban a emerger en la península38. Aquel sentimiento traspasó la dimensión individual e identificó a todo un colectivo. Tenía, además, el inequívoco propósito de facilitar la integración, adaptación, el reconocimiento, la acomodación, la visibilidad de los españoles en la vida pública y en los diversos entramados del progreso de la sociedad argentina. Y también, de proyectar hacia un contexto cultural que consideraban cercano los escenarios y personajes del mundo de la política y de la cultura española más proclives a acompasar a las nuevas tendencias de un nuevo liberalismo reformista e intervencionista en los asuntos públicos.

El profundo lazo con su tierra de origen que se esforzaban en mostrar los segmentos más ricos y letrados de la colectividad impregnaba a la noción de patria una valoración positiva que, al tiempo allanar el camino a los españoles emigrantes en la nueva sociedad, posibilitaba la manifestación y canalización de ideas, la aceptación de tradiciones y de culturas políticas de diferente signo, ensayos de movilización, y, finalmente, la búsqueda de empatías en un contexto ideológico de fuerte tradición liberal, como la Argentina de entonces39. El propio nombre de El Diario Español –y también lo había sido el de El Correo Español– simbolizaba una opinión favorable, integradora y positiva de la idea de nación española, no asociada en todo caso a las versiones conservadoras, reaccionarias o católicas vinculadas al tema nacional. Y es que no hay que olvidar que aquellas elites propagaban un pasado, más o menos inmediato y de intervención casi siempre fracasada en la cosa pública de su país de origen, relacionado con las diferentes tendencias del republicanismo o las diferentes versiones liberales de los partidos monárquicos; menos conocidas son las vinculadas al carlismo y más tardías las asociadas al nacionalismo de carácter regional. Exaltadas declaraciones y arrebatadas contribuciones pecuniarias que apelaban a un nacionalismo español se habían manifestado entre las elites españolas en la Argentina especialmente a raíz de los sucesos de 1898. A partir de entonces, desde los ámbitos de gestión de la autoidentidad étnica de los españoles en la Argentina se fue gestando una lectura de patriotismo en la que opción migratoria se desvinculaba de las visiones sintomáticas del fracaso nacional español y era considerada en términos de progreso40. Una cultura política progresista, asociada a los valores e ideales liberales, republicanos y reformistas de la que participaba en España un conjunto de jóvenes que no habían logrado promocionarse en los vericuetos del sistema caciquil de la Restauración, y que habían optado por la experiencia migratoria, se tornaba activa en la Argentina a la hora de intervenir a favor del país de origen.

NOTAS

1 Universidad Complutense de Madrid . Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos. Investigadora contratada del Programa Ramón y Cajal, e-mail: '); document.write(addy3181); document.write('<\/a>'); //-->\n Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ."> Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. . Una versión más completa sobre el tema en Estudios Migratorios Latinoamericano, número correspondiente a diciembre de 2004.

2 Para una visión sesgada de la prensa migratoria como fuente de análisis, MOYA, José Carlos. “Notas sobre las fuentes para el estudio de la inmigración española en Buenos Aires”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, 1986, Nº 4, pp. 501-502.

3 Fundamentalmente, SÁBATO, Hilda. La política en las calles. Entre el voto y la movilización, Buenos Aires, 1862-1880. Buenos Aires: Sudamericana, 1998; CIBOTTI, Ema. “Periodismo político y política periodística; la construcción pública de una opinión italiana en el Buenos Aires finisecular. Entrepasados, 1994, Nº 7, pp. 7-26 y “Sufragio, prensa y opinión pública: las elecciones municipales de 1883 en Buenos Aires”, en Antonio ANINNO (coord.). Historia de las elecciones en Iberoamérica, siglo XIX. De la formación del espacio público nacional. Buenos Aires: FCE, 1995, pp. 144. 175. Para una lectura de los periódicos en las tendencias historiográficas argentina que marcaron la década del 90 en torno a la historia política, ALONSO, Paula. “La reciente historia política de la Argentina del ochenta al centenario”. Documento de Trabajo Nº 10. Universidad de San Andrés, Departamento de Humanidades, 1997.

4 A manera de ligera excepción, HERRERO Alejandro y HERRERO, Fabián. “Política i premsa espanyola a Buenos Aires: Un studi de cas”. L´Avenc. Revista de Historia, 1992, Nº 159, pp. 38-40 y GARCIA, Ignacio. “... Y a sus plantas rendido un León”: Xenofobia antiespañola en la Argentina”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, 1998, Vol. 13, Nº 39, pp. 195-221.

5 VILLEGAS, Emilio. Bosquejo histórico de El Diario Español. Buenos Aires: 1907. Referencias en BLASCO IBÁÑEZ, Vicente. Argentina y sus grandezas. Madrid, 1911; ESCOBAR Y RAMÍREZ, Alfredo. Las fiestas del Centenario en la Argentina. Madrid: 1912; POSADA, Adolfo. República Argentina: impresiones y comentarios. Madrid, 1911; ORTEGA MUNILLA, José. De Madrid al Chaco. Un viaje a las tierras del Plata. Madrid: 1916. También, CALZADA, Rafael. Cincuenta años en América. Notas autobiográficas. Buenos Aires: 1926. Generalidades sobre el fenómeno de la prensa de inmigración española en la Argentina, el erudito trabajo de VILANOVA RODRÍGUEZ, Alberto. Los gallegos en la Argentina, Tomo II. Buenos Aires: Ediciones Galicia, 1966, pp. 1414-1421.

6 Además de los trabajos citados de CIBOTTI, DORE, Grazia. “Un periódico italiano en Buenos Aires (1911-1913)”, en F. DEVOTO y G. ROSOLI. La inmigración italiana en la Argentina. Buenos Aires: Editorial Biblos, 2000, pp. 127-140 (1º edición de 1985); LOBATO, Mirta. “La Patria degli Italiaini and Social Conflict in Early-Twentieth-Century Argentine”, en D. GABACCIA y F. OTTANELLI. Italian workers of the world. Chicago: Univ. De Illinois Press, 2001, pp. 127-140. Sobre, en general, el carácter étnico de la prensa, BAILY, Samuel. “The role of Two Newspapers in the Assimilation of Italians in Buenos Aires”. International Migration Rewiew, 1978, Nº 43, pp. 321-340.

7 Ver, CAGIAO, Pilar. “Los gallegos en Buenos Aires a través de la prensa de la colectividad, 1925-1930, en III Congreso Internacional de Historiadores latinoamericanistas (ADHILAC). Pontevedra: Universidad de Santiago de Compostela, 2002, 18 páginas. También para el caso uruguayo, ZUBILLAGA, Carlos. A prensa galega de inmigración en Ururguai. Vigo: Consello de Cultura Galega, 1996.

8 Sobre el papel de la prensa nacional y extranjera en la conformación de la esfera pública porteña, SÁBATO, Hilda. La política en las calles..., pp. 67-71.

9 QUESADA, Ernesto. “El periodismo argentino”. Nueva Revista de Buenos Aires, Tomo IX, Buenos Aires: 1883. Cif PRIETO, Adolfo. El discurso criollista en la formación de la Argentina moderna. Buenos Aires: Sudamericana, 1988.

10 Ver al respecto, CIBOTTI, Ema. “Periodismo político y política periodística ..., pp. 7-26. Sobre La Patria degli Italiani, DORE, Grazia. “Un periódico italiano..., pp. 127-140.

11MOYA, José Carlos. Cousins and Strangers. Spanish Immigrants in Buenos Aires, 1850-1930. Berkeley: University of California Press, 1998, pp. 279-280.

12 BLASCO IBÁÑEZ, Vicente. Argentina y sus grandezas..., pp. 423-425.

13 CIBOTTI, Ema. “Del habitante al ciudadano: la condición del ciudadano”, en M. Z. LOBATO (comp.). El progreso, la modernización y sus límites (1880-1916). Buenos Aires: Sudamericana, 2000, p. 381.

14 LERROUX, Alejandro. Mis memorias. Madrid: Afodismo Aguado SA editores, 1963, p. 319.

15 BIAGINI, Hugo. Redescubriendo un continente. La inteligencia española en el París americano en las postrimerías del siglo XIX. Sevilla: CSIC, 1993, p. 119.

16 Ver al respecto HERRERO A. y HERRERO, F., “Política i premsa...

17 Anuario de la Prensa Argentina. Buenos Aires: 1898.

18 DUARTE, Ángel. La República del emigrante. La cultura política de los españoles en la Argentina (1875-1910). Lleida: Editorial Milenio, 1998, pp. 97-100. Sobre Ricardo Fuerte y su participación en la causa republicana, ALVAREZ JUNCO, José. El emperador del paralelo. Lerroux y la demagogia populista. Madrid: Alianza Editorial, 1990, pp. 297 300. La República Española prolongaría su edición hasta 1907, ZUBILLAGA, Carlos. “Participación política. Bases para su estudio”, en VV.AA. Historia general de la emigración española en América Latina a Iberoamérica. Madrid: Historia 16, 1992, Vol. 2, p. 381.

19 CALZADA, Rafael. Cincuenta años..., pp. 247-248.

20 Para los orígenes de El Diario Español he seguido a VILLEGAS, E.. Bosquejo ....

21 Mercurio, 27 de febrero de 1905, p. 408.

22 Sobre la Liga Republicana de los españoles en la Argentina, DUARTE, A.. La República del emigrante...

23 VILLEGAS, E.. Bosquejo ..., p. 5.

24 ESCOBAR y RAMÍREZ, A. Las fiestas del Centenario ..., pp. 227-228.

25 El Diario Español (en adelante, EDE), 26-XII-1911. BLASCO IBÁÑEZ, V.. Argentina ..., p. 224.

26 Parte de las colaboraciones a El Diario Español de Adolfo POSADA, en Para América desde España, París: Deslis hermanos, 1910.

27 Sirva, a manera de ejemplo, las referencias informativas sobre el 37º aniversario de la proclamación de la República Española y la reproducción de Nicolás Estevánez sobre lo que aconteció en aquellas jornadas. EDE, 11-II-1910. O el despliegue informativo con motivo del retorno de Alejandro Lerroux a Barcelona y Madrid tras haber pasado una temporada con los republicanos españoles en la Argentina. EDE, 26-XI-1909 y 10-XII-1910. Finalmente, las biografías ofrecidas a sus lectores de los diputados republicanos que habían entrado a las Cortes de Madrid en las elecciones de 1910, “Nuestros hombres”, EDE, 2-VII-1910. Y las lecturas de los primates del republicanismo sobre el significado cívico de las Cortes de Cádiz de 1812 con motivo del centenario, EDE, 19-III-1912. Noticias sobre la monarquía, por ejemplo, “Alfonso en la Argentina”, EDE, 6-VI-1906, o “La fecha de la monarquía” (con motivo de la onomástica del rey), EDE, 17-V-1907.

28 El Republicano Español salió en Buenos Aires entre 1907 y 1914, ZUBILLAGA, C.. “Participación ...”, p. 381.

29 LENCE, José Ramón. Jornadas de lucha. Buenos Aires: 1924 y Memorias de un periodista. Buenos Aires: 1940. Cif, NÚÑEZ SEIXAS, Xosé Manuel. Emigrantes, caciques e indianos. O influxo sociopolítico da emigración transoceánica en Galicia (1900-1930). Vigo: Ediciones Xerais, 1998, p. 255. Sobre la labor periodística de Lence, también RÓMULO FERNÁNDEZ, Juan. Historia del periodismo argentino. Buenos Aires: 1943, p. 143.

30 BLASCO IBÁÑEZ, V.. Argentina... , pp. 424-425.

31 MOYA, José Carlos. “Parientes y extraños: actitudes hacia los inmigrantes españoles en la Argentina en el siglo XIX y comienzos del siglo XX”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, 1989, Nº 13, pp. 429-523, p. 520. Sobre el carácter y las señas de ese encuentro entre España y la Argentina, RIVADULLA BARRIENTOS, Daniel. La “Amistad irreconciliable”. España y Argentina, 1900-1914. Madrid: Editorial Mapfre, 1992.

32 EDE, 10-II-1910.

33 ESCOBAR y RAMÍREZ, A.. Las fiestas del Centenario..., pp. 337-338.

34 ORTEGA MUNILLA, J.. De Madrid al Chaco..., p. 93.

35 EDE, 26-XII-1911 y 19-III-1912.

36 “Carta del director de El Diario Español, Justo López de Gomara, a Antonio Maura” (30-3-1918), Archivo Maura, Legajo 56, documento Nº 20.

37 “Carta del director de El Diario Español, Justo López de Gomara, a Antonio Maura” (30-4-1917). Archivo Maura, Legajo 357, documento Nº 20.

38 Sobre el patriotismo de los españoles emigrantes a la Argentina, DUARTE, Ángel. “A patria lonxe de casa. Emigración política e identitidade nacional. Dos españois en Arxentina (ca. 1880-ca. 1914). Estudios Migratorios, 2000, Nº 9, pp. 33-59.

39 Sobre el liberalismo argentino entre 1890 y 1914, BOTANA, Natalio y GALLO, Ezequiel. De la república posible a la república verdadera (1880-1916). Buenos Aires: Sudamericana, 1997, pp. 71-123. Para los ensayos de reforma desde el seno del liberalismo, ZIMMERMANN, Eduardo. Los liberales reformistas. La cuestión social en la Argentina, 18901916. Buenos Aires: Sudamericana, 1995.

40 Para las visiones de la emigración asociadas al fracaso nacional, SÁNCHEZ ALONSO, Blanca. Las causas de la emigración española, 1880-1930. Madrid: Alianza Universidad, 1995, Capítulo II.

Claves para comprender la Historia -  Horizonte Bicentenario Mayo 2010 Julio 2016 - Año VI - Nº 30 - febrero de 2014 - ISSN 1852-4125

 

El 28 de enero de 1814, el general José de San Martín marchaba al norte para hacerse cargo de la dirección del Ejército del Norte, liderado hasta ese momento por el geneal Manuel Belgrano. Y santiago del Estero vio pasar a los líderes de ida o de vuelta, descansar y alimentar a las tropas, particularmente de Manuel Belgrano, por la relación familiar por línea materna, los Islas, con esta provincia a la que frecuentaba en cuanta oportunidad tenía para descansar de los tragines militares.

En esta oportunidad nos proponemos presentar fragmentos de algunas visiones sobre el mismo hecho que permitan contrastar las informaciones vertidas en distintos momentos y en distintos lugares de nuestra historia. En esta oportunidad se trata de un artículo de Instituto Nacional Sanmartiniano y otro de un historiador salteño Eduardo Poma.

María Cecilia Rossi

 

 

Instituto Nacional Sanmartiniano:

(...) San Martín y Belgrano no se conocían personalmente antes de encontrarse en Yatasto. Desde algún tiempo atrás, se había establecido entre ellos una correspondencia epistolar, por intermedio del español liberal don José Mila de la Roca, amigo de uno y de otro y secretario de Belgrano en la expedición al Paraguay. Ambos se habían abierto su alma en esta correspondencia, y simpatizaron antes de verse por la primera vez. Al abrir Belgrano su campaña sobre el Alto Perú, San Martín redactó para él unos cuadernos sobre materia militar, extractando las opiniones de los maestros de la guerra, y dióle sus consejos sobre las mejoras que convenía introducir en la organización de las diversas armas, especialmente en la caballería, condenando el uso de los fuegos en ella, según los preceptos de la escuela moderna. Belgrano, en marcha para el campo de Vilcapugio, y cuando se lisonjeaba con una victoria inmediata, le contestaba modestamente: "¡Ay! Amigo mío, y qué concepto se ha formado ud. De mí? Por casualidad, o mejor diré, porque Dios ha querido, me hallo de general sin saber en qué esfera estoy: no ha sido esta mi carrera, y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme, y cada día veo más y más las dificultades de cumplir con esta terrible obligación". Refiriéndose a sus consejos agregaba: "Creo a Guibert el maestro único de la táctica, y sin embargo, convengo con ud. en cuanto a la caballería, respecto a la espada y lanza". Y con relación al trabajo de San Martín, terminaba diciendo: "Me privo del 2. cuaderno, de que ud. me habla: la abeja que pica en buenas flores proporciona una rica miel; ojalá que nuestros paisanos se dedicasen a otro tanto y nos diesen un producto tan excelente como el que me prometo del trabajo de ud., pues el principio que ví en el correo anterior, relativo a la caballería, me llenó".

Después de Ayohuma, San Martín le escribía confortándolo en su infortunio y anunciándole el próximo refuerzo que, según lo acordado, debía conducir Alvear, y él contestaba: -"He sido completamente batido en las pampas de Ayohuma, cuando más creía conseguir la victoria; pero hay constancia y fortaleza para sobrellevar los contrastes, y nada me arredrará para servir, aunque sea en clase de soldado por la libertad e independencia de la patria. Somos todos militares nuevos con los resabios de la fatuidad española, y todo se encuentra menos la aplicación y constancia para saberse desempeñar. Puede que estos golpes nos hagan abrir los ojos, y viendo los peligros más de cerca tratemos de hacer otros esfuerzos que son dados a hombres que pueden y deben llamarse tales".

Al saber que era el mismo San Martín el que marchaba en su auxilio, le escribió lleno de efusión: "No se decir a ud. Cuánto me alegro de la disposición del Gobierno para que venga de jefe del auxilio con que se trata de rehacer este ejército; ¡ojalá que haga otra cosa más que le pido, para que mi gusto sea mayor, si puede serlo! Vuele, si es posible; la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares, y no dudo que ud. los ejecute según mis deseos, y yo pueda respirar con alguna confianza, y salir de los graves cuidados que me agitan incesantemente. No tendré satisfacción mayor que el día que logre estrecharle entre mis brazos, y hacerle ver lo que aprecio el mérito y la honradez de los buenos patriotas como ud." Cuando San Martín se acercaba, le escribe su última carta desde Jujuy, diciéndole: "Mi corazón toma aliento cada instante que pienso que ud. se me acerca, porque estoy firmemente persuadido de que con ud. Se salvará la patria, y podrá el ejército tomar un diferente aspecto. Empéñese ud. En volar, si le es posible, con el auxilio, y en venir no sólo como amigo, sino como maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere, persuadido que le hablo con mi corazón, como lo comprobará la experiencia".

Animados de estos generosos sentimientos, se dieron por la primera vez en Yatasto el abrazo histórico de hermanos de armas, el vencedor de Tucumán y Salta recientemente derrotado en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, y el futuro vencedor de Chacabuco y Maipú, libertador de Chile y el Perú, que por entonces sólo podía ostentar el modesto laurel de San Lorenzo.

San Martín se presentó a Belgrano pidiéndole órdenes como su subordinado. Belgrano le recibió como al salvador, al maestro, y debió ver en él a su sucesor. Empero, a aquel le repugnaba asumir el mando en jefe, humillando a un general ilustre en la desgracia y ni aún quiso ocupar el puesto de Mayor General para que había sido nombrado ostensiblemente, lastimando a los jefes fundadores de aquel glorioso y desgraciado ejército, y así lo manifestó al gobierno. El gobierno, empero, que consideraba una necesidad militar la remoción de Belgrano, y el mando en jefe de San Martín una conveniencia pública, significó a éste por el órgano de uno de sus miembros: "No estoy por la opinión que manifiesta en su carta del 22 (de diciembre), en orden al disgusto que ocasionaría en el esqueleto del ejército del Perú su nombramiento de Mayor General. Tenemos el mayor disgusto por el empeño de ud. en no tomar el mando en jefe, y crea que nos compromete mucho la conservación de Belgrano".

San Martín General en Jefe

San Martín asumió al fin el mando en jefe del ejército por orden expresa del gobierno. Belgrano se puso a sus órdenes en calidad de simple jefe de regimiento, y dio el primero el ejemplo de ir a recibir humildemente las lecciones de tácticas y disciplina que dictaba el nuevo general. Desde este día, estos dos grandes hombres que habían simpatizado sin conocerse, que se habían prometido amistad al verse por primera vez, se profesaron una eterna y mutua admiración. Belgrano murió creyendo que San Martín era el genio tutelar de la América del Sur. San Martín en todos los tiempos, y hasta sus últimos días, honró la memoria de su ilustre amigo como una de las glorias más puras del nuevo mundo.

(http://www.sanmartiniano.gov.ar/documentos/documento045.php)

 

Eduardo Poma

Al cumplirse doscientos años del encuentro en Metán del general Manuel Belgrano con el coronel José de San Martín, queda la sensación que tanto el Gobierno provincial como el comunal (San José de Metán) han perdido una histórica oportunidad. Era quizá, el momento indicado para abrir el debate sobre la versión que dice que ambos patriotas se encontraron en la “Posta de Yatasto”. Y la razón es simple: no todos los historiadores coinciden con esa tradición y menos, con la fecha ahora oficializada por ley.

Y mientras el debate está cerrado para los investigadores de la historia, el Gobierno provincial tomó la delantera, a propuesta del senador de Metán, y promulgó la Ley 7811 que oficializa el 20 de enero como día del histórico abrazo.

El profesor Eduardo Poma, por ejemplo, destacado investigador salteño y metanense para más, en su “Historia de Metán y de la Frontera Salteña” (Ed. 2009, página 131, último párrafo) sostiene: “El 16 de enero de 1814 el coronel don José San Martín llegó a Yatasto y es hospedado en la sala de los Toledo y Pimentel, hoy conocida como "Posta de Yatasto'. Al día siguiente, San Martín y los refuerzos que lleva al Ejército del Norte, parte rumbo al río Pasaje, donde lo espera el general Belgrano en la ribera norte del río. Ese mismo día 17, San Martín se aloja en la posta Los Algarrobos, que estaba ubicada cerca del actual pueblito Lumbreras. Hasta allí se dirige Belgrano, encontrándose con San Martín el 19 de enero de 1814. Ambos deciden trasladarse ese mismo día a la sala de Las Juntas, en Yatasto, de propiedad de don Manuel Torrens. Allí se hospedan, partiendo San Martín el 21 hacia la sala de los toledo Pimentel (Posta de Yatasto), mientras que Belgrano lo hace el 26, hacia Tucumán.

En Las Juntas, estos dos grandes hombres fueron obsequiados con pescado. De allí proviene aquella célebre receta "Dorado a la San Martín', recogida por doña Deidamia Sierra de Torrens y que publicara Juana Manuela Gorriti en su “Cocina Ecléctica”. Este es en resumen el itinerario de ambos jefes cuando se encuentran por primera vez en Metán”, concluye Poma.

El cambio de Mitre

Tiene razón Poma cuando se pregunta: “¿Cómo nació la versión de que en la "Posta de Yatasto'se encontraron San Martín y Belgrano?”. Nadie sabe pero Mitre tiene algo que ver. El dice en su “Historia de Belgrano” (1859): “Antes que tuviere lugar la rendición de Montevideo ..., se han encontrado en las Juntas (camino de Jujuy a Tucumán), el General Belgrano y el Coronel San Martín...” (Tomo I, pag.279). Pero con el tiempo y, vaya a saber por qué razón de oreja, Mitre no mantuvo su postura original y, en 1884, en la 4§ edición de la “Historia de Belgrano”, cambió y, sin arrimar razones, dice que “se han encontrado en Yatasto”.

Desde entonces se repite la versión, a punto tal de que el Dr. Vicente López, en su “Historia de la República Argentina” volumen IV, publicado dos años después del curioso cambio de Mitre (1886), dice: “Los dos generales pues al encontrarse en Yatasto (al Norte de Tucumán) cuando el uno entregaba el mando del ejército al otro, estrechaban sus manos y se daban el abrazo sincero de hermanos... el 30 de enero de 1814”.

A fines del siglo XIX la versión de Mitre y López ya está instalada en la enseñanza pública por los textos oficiales adaptados por Martín García Merou en su “Historia Argentina” (T.II, pag. 165). Así, en forma oral e indocumentada, se repitió la tradición en las obras de los historiadores Pacífico Otero, Ricardo Rojas en “El Santo de la Espada” y Ricardo Levene.

Se abre el debate

Uno de los primeros historiadores que puso en duda la versión de Mitre y López y abrió el debate, fue el doctor Alfredo Gárgano, en su obra “El itinerario de San Martín en el Ejército del Norte y abrazo de Belgrano en Tucumán”. Su trabajo fue publicado el 19 de enero de 1950 y allí dice: “La llamada posta de Yatasto nunca existió, ni menos que en ella se diera en 1814 el histórico abrazo...”.

La réplica no se hizo esperar por parte de varios historiadores, entre ellos el salteño Atilio Cornejo, quien adhirió a la versión de Mitre al igual que Manuel Lizondo Borda, presidente del Archivo Histórico de Tucumán. Pero en 1954, el tucumano Lizondo Borda cambió de opinión sosteniendo que el encuentro fue el 20 de enero en Las Juntas.

Finalmente, en el Boletín N§ 28, el “Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta”, reprodujo la tesis del Dr. Antonio Pérez Amuchástegui: “No existe documento alguno que autorice a afirmar que San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en Yatasto, como tampoco en Tucumán; los testimonios parecen indicar que se encontraron en un lugar al sud del río Juramento, y no descartan la posibilidad de que en Yatasto se hayan reunido...”.

Posta de Algarrobos

Finalmente en 1973, el historiador Julio Arturo Benencia, en “Cómo San Martín y Belgrano no se encontraron en Yatasto”, aportó documentación que permite asegurar que “a la salida de la posta de Algarrobos, sobre el camino al Juramento, se encontraron San Martín y Belgrano el 17 de enero de 1814. Indudablemente faltan detalles precisos de hora y lugar exacto sobre el camino..., pero que no alteran la fecha ni el lugar referido al poblado de Algarrobos.... La tradición forjada en la casa de la hacienda de D. Vicente Toledo y Pimentel, transmitida por sus descendientes, arraigada en el lugar y aceptada sin reparo por la historia oficial, es una creación ilusoria del pasado. La vieja posta colonial, si bien pierde un título, los posee suficientes para continuar siendo Monumento Histórico Nacional... ”, agrega Benencia.

Y un último dato. En 2012, Miguel Angel De Marco, doctor en historia y miembro de número de la Academia Nacional de Historia concuerda con Benencia sobre Algarrobos pero difiere en la fecha. Para él fue el 29 de enero. (“Belgrano, Artífice de la Nación, Soldado de la Libertad”).

Conclusiones  sobre el hecho

Los datos aportados en este artículo, hablan a las claras de la necesidad que había en aquel momento y que hay aún hoy, de abrir el debate sobre Yatasto y la fecha del encuentro entre los próceres. No son datos menores y, como dice Eduardo Poma, “no desmerece en nada a nuestros héroes si se presentan los hechos tal como ocurrieron y no como nos habría gustado que ocurrieran”.

(http://www.eltribuno.info/salta/363317-Bicentenario-del-encuentro-de-San-Martin-y-Belgrano.note.aspx)

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