El 7 de marzo de 1799 fallecía en Buenos Aires la religiosa santiagueña Sor María Antonia de Paz y Figueroa Zurita, la Beata de los Ejercicios, siendo enterrada en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad, en la misma ciudad.

Conocida por la devoción popular como "mama antula" (porque en quichua así se llamaba a las Antonias) había nacido en la estancia de Silípica, siendo hija del santiagueño Sargento Mayor Don Miguel de Paz de Figueroa Figueroa y Mendoza y Ana de Zurita Zuárez, y tenía tres hermanos más, Juan José, Simón y María. Era nieta del Maestre de Campo Don Juan de Paz Figueroa Herrera Guzmán y de Catalina de Figueroa Mendoza Andrada Sandoval. Y bisnieta del Capitán Sancho de Paz y Figueroa Cabrera y de Maria de Alí de Herrera Guzmán Ramírez de Velasco. Con lo cual llegamos al núcleo de familias fundadoras de la ciudad de Santiago del Estero.

Procediendo enconces, de una familia de la centralidad del poder político, militar, económico y territorial de la colonia santiagueña, María Antonia será una joven dócil al dogma jesuítico, muy cercana a los Padres, junto a un grupo pequeño de jovenes comenzaron a realizar este ejercicio de vivir en comunidad, que para Santiago era una práctica femenina mirada con cierto recelo, sobre todo siendo como eran los Jesuitas una orden de caballeros. Lo cierto es que bajo su dirección, practicaban los ejercicios ignacianos; realizaban obras de caridad y colaboraban con los padres en diversas acciones y necesidades. De todos modos, su vida resulta tan angelada como misteriosa en estos primeros tiempos en donde el registro de las actividades de las mujeres se daba unicamente cuando causas penales las tenían por protagonistas.

Comienza a ser más conocida cuando el 17 de febrero de 1767 se produjo la expulsión de los Padres de la Compañía por Real Decreto de Ejecución del Rey Carlos II, cuyo impacto en Santiago fue realmente brutal, y con un accionar ejemplificador, de sometimiento de los expulsos y a la vista de la población que se reunía para ver la situación como un espectáculo. Allí comenzaremos a ver la otra parte de la vida de María Antonia, la vida de una mujer rebelde, que no trepida en calzarse el hábito de los jesuitas como acto de enfrentamiento al orden establecido y que comienza un largo peregrinar. Esta etapa de su vida es ya más conocida, y en ella no claudicará hasta ver que la obra de los padres expulsos no se pierda, más bien que se refuerze desde el lado de la voluntad inclaudicable de una mujer que enfrentando al sistema, sostuvo, predicó, divulgó, convocó a otras mujeres, hacia el jesuitismo en el ancho espacio rioplatense. Será ese caminar, caminar y seguir caminando, el predicar, predicar y seguir predicando. Siempre descalza. Siempre con mujeres. Siempre al servicio de los demás.

El camino fue su vida. Una vida con con enormes viscisitudes en las que obraban milagros, según ella misma confesaba y en los que creía fervorosamente. La fe ignaciana era su unica defensa. El final de tan largo camino fue Buenos Aires, donde decidió fundar su última Santa Casa de Ejercicios Espirituales. No le fue fácil ni menos sencillo a una mujer sola que tuvo que soportar escarnios personales y oposiones religiosas que no menguarnos su firme carácter. finalmente, como siempre, consiguió la aprobación, el terreno y los fondos para su construcción y sostenimiento.

El Papa Francisco beatificará a María Antonia en este año de 2016, del Bicentenario de la Independencia de la Nación Argentina, paso previo a la santificación. Y la casa se puede visitar una vez al año cuando se abre al público en la Noche de los Museos.

 

 

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