Discusion Historiografica

¿Para qué sirve la Historia?

 

Claves para comprender la Historia - Horizonte Bicebtenario - Mayo 201 Julio 2016 - año V - nº 29 - ISSN 1852-4125 

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 Colaboración de Eliseo Lara Ordenes,  Colegio Claudio Matte Anexo y UNAB - Chile

 

 

¿Para qué nos sirve la historia? Es una pregunta que resuena en muchos estudiantes que ven en el texto escrito un pasado de reyes, príncipes, legiones, guerras y culturas que han sido retratadas con énfasis en su esplendor, o derechamente lo positivo que tuvo para el desarrollo posterior. Pero qué pasa cuando esa historia es cercana, muy reciente y llega a toparse con nuestra propia experiencia personal y familiar, el tema cambia.

El pasado contado en los manuales de historia que se enseña en los colegios está fundado en principios establecidos por la ley o en su defecto por la autoridad presente, quien demarca el sentido que tuvo un hecho o fenómeno histórico. Normalmente eso se asume como tal y no sería algo que diera motivos de controversia salvo en investigadores o intelectuales que conservan rencillas, no pocas veces, personales más que de veracidad o de epistemología y metodología asociada. Pero qué pasa cuando el pasado sigue vivo, no por un antojo sino porque está presente en cada acción de tipo social, puesto que modeló una cultura e instituyó leyes limitadas al cambio con estrategias poco honestas y siempre proclives al sector dominante. La concepción de la historia es otra.

Entonces, el ejercicio de representación del pasado se vuelve no solo necesario y oportuno sino también constructor del porvenir, pues el diálogo con la historia no se produce solo como un ejercicio de conservación o de museología sino como una articulación siempre en presente.

La historia no sólo está orientando la actualidad sino también el futuro mediato en cuanto se apliquen los vestigios indicados, en ese pasado, como una total normalidad. Esto es un peligroso uso del pasado, pues manipula una realidad en función de intereses dominantes que han delimitado y dicho el por qué y los cómo. Acá no se trata de seguir la historia sino de problematizarla, para que arroje nuevas perspectivas del presente, pero también para que abra otros horizontes, tal vez de ahí provenga la asociación entre la historia y la utopía. Pero al darnos cuenta de cuánto y cómo nos han manipulado nos sentimos indefensos, desnudos, impotentes al ver que el mínimo común denominador entre los humanos como lo son las necesidades básicas; comer, dormir, respirar, trabajar, entro otras muchas, han sido resignificadas por intereses del poder, ya no político como antes, sino macro-empresariales y, digámoslo, desproporcionados a cualquier noción de lo humano, pues hoy tenemos una búsqueda de riqueza material infinita. Si para Nietzsche Dios había muerto por causas de la razón humana, hoy vuelve a morir por causas de la riqueza.

Los diferentes estudios históricos muestran que las revoluciones estallan por choque de intereses, expectativas mayores a una realidad limitada, ganas de ser más, hoy diría de tener más, pero también en momentos de opresión, de esclavitud, de confusión. La misma confusión que todos tenemos hoy, mil ideas y mil trabas, leyes mal formuladas, representantes que no representan, homologaciones sin poner énfasis en las diferencias, pensar en un ideal a la medida, convirtiéndonos a todos y cada uno de nosotros en potenciales dictadores de la vida y de la sociedad, pues resuena con fuerza la idea de que la diferencia no existe pues yo soy la verdad.

Para esto nos sirve la historia, para ver la diversidad que el presente y la ambición no nos permite, es subversiva como dice Galeano porque nos abre las expectativas, nos despierta, pero manipulada y cubierta también nos duerme. La historia por sí misma no es suficiente, como tampoco ninguna disciplina. Es necesario el diálogo y la transversalidad, como también lo son los nuevos contratos sociales y la comprensión de la interculturalidad.

Mirar el pasado, no obstante, es un ejercicio de mínima relación moral para lo que vamos a construir, pues no se trata de fundamentos simplemente, sino de las consecuencias de los mismos y hacia los lugares y las trincheras en las que nos ponen.

¿Para qué sirve la historia? Para construir un futuro, al menos, un poco mejor.

(fuente: http://www.eliseolaraordenes.blogspot.com.ar/2013/12/para-que-nos-sirve-la-historia.html)

 

El secreto de Yapeyú

 

Claves para comprender la historia - Horizonte Bicentenario mayo 2010 - julio 2016 - Año V - Nº 26 - ISSN 1852-4125

 

 

 

Un texto para discutir y pensar en que cambiarían las cosas si así fuera

 

 

 

16 / 08 / 2004  Analisis – José Chumbita

 

 

 

 

 

 

José de San Martín y su origen mestizo

 EL GRAN SECRETO DE YAPEYÚ

 

    La vida de José Francisco de San Martín, tan trillada por los historiadores, sigue velada por el misterio, jalonada de incógnitas. La primera que llama la atención es su fecha de nacimiento.

    La fe de bautismo nunca se encontró. Ello se atribuye a la devastación de Yapeyú en 1817, cuando los portugueses incendiaron el pueblo para destruir las bases guaraníes de la resistencia artiguista. Sin embargo, hay memoria de que los habitantes se retiraron y salvaron el ajuar de la iglesia antes de que llegaran los invasores (1).

    Un acta de bautismo publicada en 1921, de la cual nunca apareció el original, era seguramente una invención para salvar aquella laguna documental (2). Dos amigos de San Martín, el encargado de negocios chileno  Francisco J. Rosales y el abogado y periodista francés Adolfo Gerard, hicieron constar en el acta de defunción que tenía setenta y dos años, cinco meses y veintitrés días.

    Aunque la inscripción incurría en varios errores, al mencionar a su padre como coronel y gobernador de Misiones y a su madre como Francisca de Matorras, Bartolomé Mitre se atuvo a la misma para dictaminar que el Libertador había nacido el 25 de febrero de 1778 y por 10 tanto era el cuarto hijo del capitán San Martin con Gregoria Matorras (3). José Pacifico Otero cuestiono esa fecha al encontrar una copia de la partida de la presunta hija menor Maria Elena, que inexplicablemente estaba adulterada.  Esto se aclaró cuando el historiador uruguayo Azarola Gil dio a conocer en 1936 las partidas de bautismo de los tres hijos mayores del matrimonio, halladas en los libros de la Parroquia de Las Viboras, en Las Vacas, jurisdicción de Colonia. Maria Elena había nacido el18 de agosto de 1771, Manuel Tadeo el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael el5 de febrero de 1774.

La Historia Digital

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LA HISTORIA DIGITAL, LOS ARCHIVOS Y LAS NUEVAS FORMAS DE INVESTIGAR

 

Desde los tiempos en que uno se limitaba a solicitar fotocopias en el archivo hasta el día de hoy, donde podemos tomar fotos con un cámaras fotográficas o con nuestros iphones o ipods, la forma de obtener reproducciones de documentos para nuestras investigaciones ha cambiado considerablemente. No se trata solo de la incorporación de nuevas formas de tecnología sino de toda una serie de transformaciones entre el archivo, el documento y los investigadores.  Los investigadores hemos sido quizás los más beneficiados con los nuevos gadgets o aparatos tecnológicos, que nos permiten ahorrar tiempo y dinero, y a la vez nos permiten tener copias más fidedignas de documentos que antes debíamos tan solo copiar a mano por horas.

Pero a menudo olvidamos que los investigadores somos tan solo una parte del circuito de preservación y difusión de documentos. ¿Qué consecuencias ha traído la masiva irrupciones de personas armadas con escaners y cámaras fotográficas a los archivos y bibliotecas? ¿Cómo se han adaptado las instituciones que custodian estos documentos y el personal que está a cargo de los mismos? En un post anterior señalé que la posibilidad de reproducir fácilmente los documentos podía desincentivar el robo de los mismos, ya que no serían documentos únicos. Pero el problema es más complejo, por supuesto, y merece cuando menos que investigadores y los encargados de resguardar el material se sienten a dialogar o debatir en foros públicos para señalar de qué manera el proceso de digitalización que vienen realizando archivos y bibliotecas así como el de los investigadores pueden encontrar terrenos en común.

El siguiente artículo de John Markoff, aparecido en The New York Times hace unos días, aborda varios puntos de esta agenda, en base a entrevistas y testimonios a diferentes personas, quienes cuentan cómo ha cambiado su forma de investigar en los últimos años.

Discurso del Doa de la Bandera, año 2005

Claves para comprender la Historia - Horizonte Bicentanario Mayo 2010 - Julio 2016 - Año Vº - Nº 23 

 

Amigos:

Les dejo unas breves reflexiones que realizara cuando en el año 2005 era Directora del Museo Histórico Provincial, sobre el día de  la Bandera Nacional Argentina. 

 

María Cecilia Rossi

 

El Museo Histórico Provincial “Dr. Orestes Di Lullo” celebra hoy el Día de la Bandera, símbolo emblemático de nuestra identidad nacional. Y también honra a su creador, Manuel Belgrano, no pensando al 20 de junio como el día de su muerte sino en el día en que pasó a la inmortalidad.

Decía Sigmund Freud que “...no se puede gozar el presente sin comprenderlo y no se lo puede comprender sin conocer el pasado”. Efectivamente, es imposible concebir el pasado sin hacer referencia al presente desde el cual se evocan los acontecimientos, pero tampoco es posible describir este momento que es tan sólo un punto de pasada, sin tomar en consideración la historia. Una primera cuestión indica que debemos pensar que la creación de la bandera como todas las obras del hombre, surge en condiciones históricas y sociales particulares. Condiciones de las que debemos captar los principios estructurales generales que las sustentan y rescatar lo cotidiano lanzado en el devenir de los tiempos para poder comprenderlas.

La historia nos refiere en éste sentido, que en los comienzos del año 1812, cuando la antigua estructura colonial se estaba cayendo a pedazos pero había grupos que resistían su derrumbe, y una nueva organización política comenzaba a gestarse, plena de desafíos y de contradicciones como siempre ocurre con las construcciones de nuevas tramas sociales y por lo mismo colectivas, hubo un hombre generalmente recordado por su heroísmo militar pero de quien queremos hoy poner de relieve su carácter de hombre civil.

Ese hombre fue Manuel Belgrano, el que creó primero la escarapela y a los pocos días la bandera blanca y azul-celeste tratando de dar respuestas a una pregunta que lo acuciaba: ¿cómo nos identificaremos nosotros, los constructores de esta nueva estructura política conocida como el Río de la Plata devenida con los años en Argentina? ¿Cómo sabremos que somos quienes somos y nos reconoceremos para no dañarnos? Con esto que era para Belgrano un imperativo: el reconocerse, el lograr un sentido de pertenencia a un algo abstracto, intangible que comenzaban a llamar Patria, si se quiere una suerte de transferencia de lealtades y sentidos compartidos, comenzaba la construcción de uno de los procesos más trabajosos en cualquier construcción social, pero particularmente complejo para la Argentina: los procesos de identificación que conducen a la formación de esa trama, esa red que nos refiere como parte de un algo a la que llamamos nación.

La Bandera es el legado belgraniano que como símbolo nos identifica a los argentinos como nación. En cualquier punto del país en que nos encontremos, o del mundo si Uds. así lo prefieren, la bandera nacional es el elemento simbólico que con solo mirarla pone a funcionar unos mecanismos que hacen que un argentino se reconozca como tal sin más.

El antropólogo Clifford Geertz definió al símbolo como aquel objeto, acto o acontecimiento que permite vehiculizar ideas o significados. Claro que una definición de esta naturaleza funcionará en tanto y en cuanto comprendamos que la relación entablada entre el objeto y su significado está lejos de contener una ligazón fija e inmutable. La bandera es entonces un signo socialmente acordado de patriotismo para todos los que compartan tal valor social pero que encarnó significados diferenciados a lo largo de nuestra historia como nación.

El Museo histórico Provincial, especial custodio de los objetos que conformaron el patrimonio histórico de los santiagueños, parece un lugar altamente apropiado para albergar y difundir la memoria y la historia de la memoria del hombre y del símbolo. Asociado el Museo a la identificación del pasado, que muy lejos está de considerarse fijo e inmóvil en el tiempo sino integrado a la propia dinámica sociohistórica, y al reconocimiento del valor testimonial y documental de sus huellas, es el indicado para situar a la bandera y a Belgrano históricamente en el período que le corresponde e interpretarlos como fruto de determinadas actitudes fundamentales de un grande y generoso espíritu cívico que pensó no en el yo individual sino en un nosotros, plural y abarcativo.

Nuestra generación ha heredado en la bandera nacional un patrimonio cultural que encarna la memoria colectiva, con sus aciertos y horrores, pero un símbolo que aporta un sentimiento de identidad en una época particularmente compleja y a la vez plena de expectativas. Uno de los mayores desafíos que se nos presentan y en el que va todo nuestro compromiso como individuos y como sociedad empeñados en la construcción de una nueva ciudadanía, es resignificar desde nuestro presente la carga de valores que conlleva la bandera como símbolo identificatorio y la transmisión de los valores de nuestro patrimonio cultural encarnados en la bandera nacional a las generaciones futuras.

Propuestas para el nuevo paradigma educativo de la Historia

Claves para comprender la Historia - Horizonte bicdentenario Mayo 2010 - Julio 2016 - Año Vº - Nº 23 - ISSN 1852-4125

Carlos Barros

Universidad de Santiago de Compostela

 

        Las propuestas y reflexiones que hoy ponemos a debate sobre el qué, el cómo y el por qué de la enseñanza de la historia en el nuevo siglo, responden a un doble interés: 1) Poner en valor, didácticamente, algunos de los consensos sobre la escritura de la historia ya establecidos en el Manifiesto de Historia a Debate de 2001[1]. 2) Recoger, en el contexto del nuevo paradigma historiográfico que defendemos, debates y aportaciones recientes de la metodología didáctica y la epistemología pedagógica, donde se está forzando “desde arriba” la formación de un new paradigm educativo, convergente en unos aspectos pero divergente en otros que son esenciales, con lo que estamos defendiendo para la escritura de la historia y las proposiciones didácticas y pedagógicas que vienen a continuación.

       Nuestro objetivo es contribuir desde el oficio de historiador a la actualización de la didáctica de nuestra disciplina, tarea que nos compete también como profesores de una universidad cada vez más implicada, y más presionada a implicarse, en la innovación docente. Queremos también avanzar elementos para la incorporación de un nuevo punto de consenso, sobre la enseñanza de la historia, en el Manifiesto de nuestra red historiográfica, con el fin de completar el ciclo de la investigación e implementación social del conocimiento histórico, cuya falta de continuidad es uno de los problemas agudos que han de resolver  los nuevos paradigmas de la historia investigada y enseñada.

 The New Paradigm

        El origen de buena parte de las “novedades” didáctico-pedagógicas actuales está, aun que no siempre se diga claramente, en el New Paradigm in Education difundido ampliamente desde los EE. UU. en el mundo anglosajón, en el contexto doble de aprendizaje laboral basado en competencias[2] y posmodernismo académico, con aportaciones útiles y graves defectos de fondo y forma. Este New Paradigm ha tenido una explícita acogida en sectores de la academia latinoamericana, y otra más implícita de orden administrativo en Europa, como muestra el polémico e importante proyecto para la Enseñanza Superior Tuning Educational Structures in Europe[3] y la “recomendación” categórica de la Unión Europea a favor de la educación por competencias[4], especialmente en la educación secundaria. Urge a ambos lados del Atlántico entrar en el debate sobre el consenso teórico-metodológico en marcha, con apoyo institucional, sobre la enseñanza en el siglo XXI,  que tome en consideración los sucesivos intentos a lo largo del siglo XX, desde John Deway a Paulo Freire, de una “nueva escuela”, a la cual debemos los profesores no seguir aún enseñando con la regla en la mano la lista de los reyes godos. Prolongadas e intensas experiencias de renovación pedagógica, difundidas y aplicadas sobre todo en los años 60 y 70,  suelen ser “olvidadas”[5] por los partidarios más conservadores del nuevo paradigma anglosajón, cuando no  “apropiadas” en su vertiente constructivista, previamente  expurgada de lo que pueda tener de compromiso ético y epistemología social. Dimensiones estas, próximas en su momento al materialismo histórico, que siguen siendo hoy necesarias, en otro contexto y con otros contenidos, en todo nuevo paradigma que se precie, si se quiere hacer frente con éxito al rampante retorno[6] de la escuela conductivista y tradicional[7], de un lado, y a los retos de la sociedad de la información[8], la globalización y las nuevas tecnologías.

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