El secreto de Yapeyú

 

Claves para comprender la historia - Horizonte Bicentenario mayo 2010 - julio 2016 - Año V - Nº 26 - ISSN 1852-4125

 

 

 

Un texto para discutir y pensar en que cambiarían las cosas si así fuera

 

 

 

16 / 08 / 2004  Analisis – José Chumbita

 

 

 

 

 

 

José de San Martín y su origen mestizo

 EL GRAN SECRETO DE YAPEYÚ

 

    La vida de José Francisco de San Martín, tan trillada por los historiadores, sigue velada por el misterio, jalonada de incógnitas. La primera que llama la atención es su fecha de nacimiento.

    La fe de bautismo nunca se encontró. Ello se atribuye a la devastación de Yapeyú en 1817, cuando los portugueses incendiaron el pueblo para destruir las bases guaraníes de la resistencia artiguista. Sin embargo, hay memoria de que los habitantes se retiraron y salvaron el ajuar de la iglesia antes de que llegaran los invasores (1).

    Un acta de bautismo publicada en 1921, de la cual nunca apareció el original, era seguramente una invención para salvar aquella laguna documental (2). Dos amigos de San Martín, el encargado de negocios chileno  Francisco J. Rosales y el abogado y periodista francés Adolfo Gerard, hicieron constar en el acta de defunción que tenía setenta y dos años, cinco meses y veintitrés días.

    Aunque la inscripción incurría en varios errores, al mencionar a su padre como coronel y gobernador de Misiones y a su madre como Francisca de Matorras, Bartolomé Mitre se atuvo a la misma para dictaminar que el Libertador había nacido el 25 de febrero de 1778 y por 10 tanto era el cuarto hijo del capitán San Martin con Gregoria Matorras (3). José Pacifico Otero cuestiono esa fecha al encontrar una copia de la partida de la presunta hija menor Maria Elena, que inexplicablemente estaba adulterada.  Esto se aclaró cuando el historiador uruguayo Azarola Gil dio a conocer en 1936 las partidas de bautismo de los tres hijos mayores del matrimonio, halladas en los libros de la Parroquia de Las Viboras, en Las Vacas, jurisdicción de Colonia. Maria Elena había nacido el18 de agosto de 1771, Manuel Tadeo el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael el5 de febrero de 1774.

    La Academia Nacional de la Historia, que había refrendado las afirmaciones de Mitre, tuvo que aclarar que los vástagos no eran cuatro sino cinco: el cuarto, Justo Rufino, habría nacido en Yapeyú en 1776, y José Francisco paso a ser el quinto (4). Sobre el día y el mes de nacimiento hay una inesperada contradicción en el propio texto de Mitre , que probablemente se traiciona siguiendo otras fuentes cuando, al relatar los hechos militares en Chile, en vísperas de Cancha Rayada, habla de - la mañana del 16 de marzo, aniversario del natalicio de San Martín (5).

    En cuanto al año, varias atestaciones sobre su edad no concuerdan con la partida de defunción. Según una foja de servicios expedida por las autoridades españolas, el 30 de abril de 1803 tenía veintitrés años, lo que indicaría que nació en 1780, o en 1779 si fuera nacido  en un mes posterior a abril. Según la foja de servicios de fin de diciembre de 1804 su edad era veinticinco años, lo cual nos  remite a 1779. 

    Según otra de estas  certificaciones, a fin de julio de 1808 tenía veintisiete años, o sea que habría nacido en 17810 1780; aunque Mitre, al encontrar varios errores en el documento, dedujo que fue redactado por algún ayudante del regimiento poco entendido y recomendó no tomarlo al pie de la letra (6). En el acta de solicitud de esponsales del 29 de agosto de 1812 consta que tenía treinta y un años, seguramente por sus propios dichos.

    En el pasaporte con el que entro a Francia en 1828 figura con cuarenta y siete años. En una carta a Tomas Guido del10 de febrero de 1834, menciona tener cincuenta y tres años , y en otra del 20 de agosto de 1843 habla de sus sesenta y cuatro navidades (7).

    En la carta al mariscal Castilla del 11 de septiembre de 1848 se refiere a sus setenta y un años (8).

    Sorprende la imprecisión de estas manifestaciones, que tampoco coinciden entre sí, y de las cuales resulta que podría haber nacido en cualquiera de los años entre 1777 y 1781: como si el mismo dudara de la fecha exacta.

    Por otra parte, ¿qué edad tenía cuando se incorporó al Regimiento Murcia en julio de 1789? 

    Un historiador militar español puntualiza que las Ordenanzas del Ejército instituidas por Carlos III en 1768 establecían el mínimo de doce años para el ingreso de los cadetes, y da ejemplos de que el requisito se observaba rigurosamente; por lo cual San Martín tendría que haber nacido antes de julio de 1779. En realidad, esto no hace más que reforzar la presunción de que sus datos personales fueron manipulados para adecuarlos a las exigencias reglamentarias. Al embarcarse para España la familia San Martín y Matorras, en noviembre de 1783, en la fragata Santa Balbina registraron que José Francisco tenía seis años (9), de lo que podría deducirse que nació en 1777; pero las edades de los niños seguramente fueron declaradas en forma aproximada, sin verificación documental, pues a Juan Fermín le adjudican diez años, que recién iba a cumplir en febrero del año siguiente. En vista de la exigua certeza que aportan los documentos, solo es posible afirmar que José Francisco de San Martín había nacido alrededor de 1778.

    Dadas las creencias religiosas, las costumbres y la legislación de la época, es comprensible que se encubriera la existencia de una filiación irregular. El supuesto ingreso de José Francisco al Real Seminario de Nobles en Madrid, argüido por Mitre, ha sido refutado por investigaciones posteriores que no encontraron ningún rastro de él en los registros del alumnado. Pero para iniciar su carrera como cadete en un Regimiento de Málaga, que si está comprobado, debieron invocar su legitimidad como hijo de un oficial con grado de capitán.

    Gregoria Matorras (10) lo incluyó entre sus cinco hijos legítimos en el testamento que dicto en 1803 (11). Si así había tenido que declararlo antes a las autoridades, no iba a desdecirse en ese acto (12). Tanto al solicitar esponsales como al contraer matrimonio en 1812, el también manifestó ser hijo legítimo de Juan de San Martín y Gregoria Matorras. Aunque no fuera cierto, ¿qué podía decir un recién llegado que necesitaba hacer pie en la sociedad porteña y afrontaba la hostilidad de la familia de la novia precisamente por su dudosa posición social?

    Observemos además que en la primera de estas actas, su padre y madre figuran como ya difuntos, siendo que doria Gregoria falleció en 1813. ¿Cómo pudo cometerse tamaño error? ¿Fue el quien la dio por muerta? ¿Era un mero desliz, un acto fallido? ¿o una señal intencionada de que no era su verdadera madre ?

    Cualquiera sea la explicación, revela la poca confiabilidad de tales atestaciones (l3). El mismo hablo muy poco de su historia personal. Cuando a pedido del mariscal Castilla accedió a escribir una síntesis autobiográfica, lo único que dijo sobre su origen fue lo que todos ya sabían: que había nacido en Yapeyú.

    El aspecto físico de José Francisco, de acuerdo con expresiones coincidentes de las personas que lo conocieron, difería netamente del de sus presuntos padres. Juan de San Martín, como surge de su foja de reclutamiento, era rubio, de ojos garzos (azulados), de muy corta estatura (cinco pies y una pulgada, en medida castellana, equivalentes a 1,43 m) y Gregoria Matorras era blanca y noble (14); ambos cristianos viejos de probada   pureza de sangre, sin mezcla de infieles, moros ni judíos, según justificara el cuarto de sus hijos, Justo Rufino, para ser admitido como guardia de corps en España (15). Juan Bautista Alberdi, tras entrevistar en Paris a don José de San Martín al fin del verano de 1843, escribió que era un poco mas alto que los hombres de mediana estatura y que "yo le creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado".

    Sin embargo, agrega: -no es más que un hombre de color moreno de los temperamentos biliosos. Mis alIí de lo que entendiera Alberdi por tipo bilioso, constataba su tez oscura; y aunque el sentido de la frase es que no parecía un indio, por algún motivo tantas veces se lo habían pintado de esa manera (16). Gerónimo Espejo, oficial del Ejercito de los Andes, anoto que - era de una estatura más que regular; su color; moreno, tostado por las intemperies; nariz aguileña, grande y curva; ojos negros grandes y pelo negro, lacio.

    Es probable que luciera tostado por el sol, pero Espejo dice además moreno, de ojos y pelo negro. Guillermo Miller, otro militar con quien tuvo estrecho trato, lo describió  alto, grueso , de rostro interesante, moreno, y ojos negros, rasgados y penetrantes (17).

    Los testimonios de los viajeros ingleses Samuel Haigh y Basilio Hall concuerdan en su elevada estatura y el color aceitunado oscuro de su semblante, así como el cabello y los ojos negros. Según John Miers, era alto y fornido, de tez cetrina.

    Algo semejante escribió el agente norteamericano  William Worthinghton: casi seis pies de estatura, cutis muy amarillento, pelo negro y recio, ojos negros (18). Aclaremos que se refiere natural mente a seis pies anglosajones y no castellanos, que equivalen a algo mas de un metro ochenta.

    Pastor Servando Obligado, atento recopilador de la tradición oral de aquella época, lo caracterizo bastante bronceado, de rostro anguloso, aunque no tan moreno como Santa Cruz, Gamarra y Castilla  y - más claro que muchos de los generales de Bolívar; no obstante, añadía, los godos le llamaron indio misionero , y el general francés Miguel Brayer, que había estado a sus órdenes hasta ser destituido en la mañana de la batalla de Maipú, lo tachó de tape de Yapeyú (19).

    En Chile -evoca Benjamín Vicuña Mackenna-, era considerado un paraguayo, "el mulato san Martín" como llamaban los señores vecinos del Mapocho al ilustre criollo (20). El cholo de Misiones es otra calificación que le daban los españoles, según consigna José Pacifico Otero al hablar de su campaña en territorio peruano (21).

    Los contemporáneos que narran su aspecto destacan pues la altura, el cabello negro y la piel morena, en marcado contraste con la apariencia y antecedentes Conocidos de Juan de San Martín y Gregoria Matorras. Ello se refleja mejor en algunas imágenes poco divulgadas, como un grabado de Manuel Núñez de Ibarra (1818), la litografía de Theodore Gericault (circa 1819), el grabado que hizo Robert Cooper en Londres (1821) y un óleo de Francis Martín Drexel (circa 1827); también en el único retrato incuestionable de la iconografía los daguerrotipos de su vejez (1848) que muestran la estampa de un típico criollo, de rasgos pronunciados, con su cabellera blanca completa (22).

    Otras señales acerca del origen de San Martín provienen de sus propias expresiones recogidas por algunos allegados.

    En los preparativos de la campaña a Chile, a fines de 1816, un grupo de caciques pehuenches lo visito en el campamento de El Plumerillo. Manuel de Olazábal, testigo de la reunión, narra que el general expuso el plan de pasar los Andes para acabar con los godos que habían robado la tierra de sus antepasados y les dijo "yo también soy indio" (23), Pastor S. Obligado titula un capítulo de sus Tradiciones de Buenos Aires Un cuento que no se puede contar, donde abunda en insinuaciones sobre el origen indígena de San Martín, y menciona la creencia vulgarizada de que procedía de muy modesto linaje, al menos por la línea materna (24), Siendo notorio que Gregoria Matorras, prima del gobernador de Tucumán y explorador del Chaco don Gerónimo de Matorras, era de una familia de mayor lustre que la del simple hijo de labrador.

    Juan de San Martín, no se refería a ella al aludir a la línea materna. ¿A quién se refería entonces ? Solo una india podía ser inferior en linaje a un campesino español (25). Las medias palabras de Obligado se aclaran cuando afirma que los enemigos del Libertador lo apodaban tape o indio, rumor al que pudo contribuir la anécdota siguiente. La anécdota la contó el mismo San Martín en Francia a un grupo de amigos americanos.

    Poco después de la muerte del banquero Aguado, al saberse que este lo había nombrado albacea de su cuantiosa fortuna, se le apersono un andaluz cargado de pergaminos para enterarlo de la alcurnia de sus ascendientes  paternos; y aunque el  negó  tener antepasados nobles, el otro insistió en documentarle sobre esos títulos. Hasta que, "harto fastidiado con el papeluchista, mirando para todas partes, observando si no había persona que nos oyera, y alzando los ojos al cielo, al pedir interiormente perdón a mi honrada madre por la figura a que las circunstancias me obligaban, grite airado, zamarreando el brazo de ese falsificador de noblezas: -Mire, señor Pollino, yo no soy ese tal Conde de San Martín, porque soy hijo de una gran... recluta, que hacia la guardia con mi padre en Misiones" (26). - "Con lo que" - concluía San Martín - "el inventor de mi nobiliario, recogiendo papeles y arrollando azorado el árbol genealógico muy lindamente pintado, salió todo corrido como rata por tirante, sin una pluma del que el creyó desplumar, al día siguiente de suponer muy rico y muy vanidoso al indio misionero". 

    Uno de los primeros y más escrupulosos biógrafos de San Martín, Benjamín. Vicuña Mackenna, hizo una aserción coincidente. En unos artículos firmados con seudónimo para el diario El Mercurio de Valparaíso, en agosto de 1871 -que incluyo en un libro editado al año siguiente- relataba el retiro del general en Europa bajo el subtítulo Revelaciones íntimas. 

    La fuente principal de esta vida íntima habrían sido confidencias de los familiares de su entorno, es decir Mercedes y Mariano Balcarce: -"no ha sido recogida, como se habría echado de ver, ni en la leyenda prodigiosa de los pueblos, ni en los pomposos boletines de los historiadores, sino en el hogar".

    Al sondear sus actitudes y explicar su carácter, Vicuña Mackenna afirmaba que  "el instinto del insurgente, es decir, del criollo, triunfo siempre de la idea especulativa y llegaba a una conclusión  inequívoca: había servido a la independencia americana porque la sentía circular en su sangre de mestizo".

Hugo Chumbita

 

Referencias:

1- Hernán F. Gómez, Yapeyu y San Martín, 1923, p. 66 y siguientes.

 

2- Publicada por Fray Reginaldo de la Cruz, Saldana Retamar, en revista Ensayas y rumbas, N° 9, Buenos Aires, septiembre de 1921; reproducida por Virgilio Martínez de Sucre, La educación del Libertador San Martín, 1950, p. 7. Rodolfo Pacheco, Una incógnita en la vida del Libertador, en Todo es Historia, N° 123, 1977, expone las razones para desecharla.

 

3- Acta de defunción de SM, en INS, dhlgsm, tomo I, p. 417. Bartolomé Mitre, Historia de San Martin y de la emancipación sudamericana, 1887-1890, p. 120.

 

4- Luis Enrique Azarola Gil, Los San Martin en la Banda Oriental, 1936. Actas de bautismo y otros documentos en INS, dhlgsm, tomo I. B. Mitre, Historia de San Martin (versión del compendio de w. Pilling), 1950, p. 32, nota2.

 

5- B. Mitre, Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, tomo JI, p.131.

 

6- Foja de servicios de 1803: José P. Otero, Historia del Libertador don José de San Martín, tomo I, apéndice, documento A. Fojas de 1804 y 1808: INS, dhlgsm, p.p. 350 y 362.

 

7- Acta de esponsales: Juan E. Guastavino, La cuna de San Martín, 1915, pp. 47-48. Cartas a Guido de 1834 y 1843: Patricia Pasquali, San Martín confidencial, 2000, pp. 276 y 323.

 

8- Carta al mariscal Ramón Castilla, 11 de septiembre de 1848. MHN, smsc, tomo 11, p. 296.

 

9- Jorge G. Guillen Salvetti, El viaje a España de la familia San Martín en la fragata Santa Balbina, en A. Lago Carballo (coord.), Vida española del General San Martín, 1994, p. 26.

 

10- Jorge G. Guillen Salvetti, ob. cit., p. 25.

 

11- Solicitud de SM el l° de julio de 1789. INS, dhlgsm, t. I, p. 317.

 

12- Testamento notarial en Madrid, 1° de junio de 1803. INS, dhlgsm, tomo I, pp.23-27.

 

13- Acta de esponsales, citada. Acta de matrimonio, 12 de septiembre de 1812: INS, dhlgsm, t. I, p. 406.

 

14- Carta del 11 de septiembre de 1848, antes citada.

 

15- Pedro de Burgos, La hoja de servicios del capitán Juan de San Martín, en A. Lago Carba11o (eoord.), ob. eit., pp. 33-34. El pie de Castilla se divide en 12 pulgadas y equivale a 27,86 cm. Testimonios sobre Limpieza de sangre  de Justo Rufino: INS, dhlgsm, tomo I, pp. 161-168.

 

16- Juan B. Alberdi, El general San Martín en 1843 en Obras Completas, 1886-87, tomo 2, p. 335 y ss.

 

17- G. Espejo, El paso de los Andes, 1882, en José Luis Busaniehe, San Martín visto por sus contemporáneos, 1942, p. 143. Memorias del General Miller, 1997, p. 384.

 

18-  S. Haigh, Bosquejos de Buenos Aires, Chile y Peru, 1920, B. Hall, El General San Martín en el Perú, 1920, y W. Worthinghton, Diplomatic corrrespondence of the United States, concerning the independence of the Latin American nations, 1925, en J. L. Busaniche, ob. cit., p. 81, p. 175 y p. 104 respectivamente. J. Miers, en S. Samuel Trifilo, La Argentina vista por viajeros ingleses. 1810-1860, Buenos Aires, Gure, 1959,p.143.

 

19- Dose de Zemborain, El General San Martín en las Tradiciones de Pastor S. Obligado, 1950, p. 43.

 

20- La memoria y la rehabilitación de San Martín en Chile, en Obras Completas de Vicuña Mackenna, p. 423.

 

21- José P. Otero, ob. cit., tomo III, p. 226.

 

22- Bonifacio del Carril, iconografia del general San Martín, 1971. Artículos de Bartolomé Descalzo y de Pablo Ducros Hicken en San Martín. Revista del Instituta Sanmartiniana, N° 28, 1950, y N° 30, 1952.

 

23- reminiscencias de algunas generalidades características del Gran Capitán Generalisimo Libertador de Chile y Perú don José de San Martín, manuscrito de Olazábal, en J. L. Busaniche, ob. cit., pp. 40-42. Ricardo Rajas, El santa de la espada, 1949, p. 162.

 

24- Dose de Zemborain, ob. cit., pp. 42-49.

 

25- En las fajas de servicias de Juan de San Martín de 1776 y 1777 consta su calidad: hija de labrador. INS, dhlgsm, tomo I, p. 24 y 26. 26 La expresión pallina (barrica, asno joven) esta empleada en el sentido de necia. Recluta debería leerse puta, teniendo en cuenta que en el comienza del capitula Obligada dice: - velando con ligero antifaz la crudeza de soldadesca expresión de campamento, como ella entraña su moraleja, trataremos de que al menos malicioso se transparente lo que no quisiéramos pronunciar.

 

26- B. Vicuña Mackenna, El general San Martín. Revelaciones intimas, en Obras completas, pp. 390 y 382.

 

(fuente: http://periodicotribuna.com.ar/878-jose-de-san-martin-y-su-origen-mestizo.html#.Ui8We9Kwzzw)

 

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