Cosmógrafo Don Cosme Bueno y Alegre

(Belver de Cinca, H., 6/9-lV-1711 - Lima, Perú, 12-III-1798).

Cosmógrafo.

Nada se sabe de su infancia y primera juventud, con excepción de su partida de bautismo, custodiada en el Archivo Diocesano de Lérida. Su nombre vuelve a registrarse en 1730, a propósito de su embarque para el Perú, cuando sólo contaba diecinueve años de edad. Ya en Lima, tampoco abunda la información sobre sus dos primeras décadas de residencia en la capital del Perú. Tan sólo que inició su carrera científica cursando estudios de Farmacia para completarlos más tarde con los de Medicina. En 1750, Cosme Bueno alcanzó el grado de Doctor por la Real y Pontificia Universidad de San Marcos, lo que le habilitó para ser elegido en el mismo año Catedrático de Método Galénico en la misma Universidad. Y como señalaría admirativa y devotamente su principal biógrafo y discípulo, Gabriel Moreno, «la superioridad que daban el genio y los conocimientos al doctor don Cosme, hacía prever que sería el Esculapio de Lima». Seis años más tarde, el conde de Superunda, Virrey del Perú, le nombraría regente o encargado de la Cátedra de Prima de Matemáticas y el 22-III-1757, Catedrático propietario de la misma y Cosmógrafo Mayor del Virreinato del Perú. Partiendo del estudio de la Medicina se despertó en Cosme Bueno una insaciable curiosidad científica de carácter enciclopédico como buen ilustrado. Se interesó por las Matemáticas, la Astronomía, la Física, la Química, la Historia, la Climatología, la Vulcanología, la Zoología, la Botánica, la Demografía, el Derecho, la Geografía Física y Humana, la Ecología en su sentido más moderno y otras ciencias conexas. Conocido como «el primer prosélito de Newton en el Perú» por su abandono de los métodos científicos tradicionales de la Escolástica y la asimilación de los nuevos principios empíricos del análisis experimental, «su casa era por esto el Potosí donde acuden todos los sabios que venían de Europa a surtirse de noticias... desentrañándoles cuantos papeles podía».

Como botánico, Cosme Bueno, «hombre de raro entendimiento y mucho saber», fue tan mundialmente conocido que Hipólito Ruiz, el sabio autor de su famosa Quinología, bautizó una planta de las descubiertas por él con el nombre de Cosmea Balzamifera Cosmibuena, según otros autores, en su honor y memoria. Cosme Bueno acabaría siendo un punto obligado de referencia científica. Enormemente preocupado por la educación y el carácter divulgador de sus enseñanzas, escribió sobre temas muy concretos y de interés general para el hombre de la calle, como su popular Disertación sobre los antojos de las mujeres preñadas, en el que planteaba si éstos eran perjudiciales para el feto; se adelantó en su tiempo como precursor de la vacuna antivariólica al escribir su Parecer sobre la inoculación de las viruelas y atacó con rigor la Astrología por considerarla seudociencia, carente de fundamento científico.

No descuidó preocupaciones de carácter hidrológico e investigaciones sobre la naturaleza del aire y del clima, cuyos resultados dejó plasmados en publicaciones de títulos tan expresivos como su Disertación físico experimental sobre la naturaleza del agua y sus propiedades, Continuación de la Disertación sobre el agua, y su complementaria Disertación físico experimental sobre la naturaleza del aire y sus propiedades. Su Disertación sobre el Arte de volar que manifiesta profundos conocimientos de la anatomía de las aves y de los peces, y sus experimentos con peces en máquinas neumáticas, demostrando cómo el aire les ayudaba a elevarse o descender, le llevarán a afirmar la incapacidad física del hombre de afrontarlo con éxito.

Casi todas sus obras se publicaron en virtud de su afán didáctico y divulgador en los Almanaques anuales o «repertorios», bajo el ilustrado y atractivo título de El conocimiento de los tiempos título general de los almanaques, añadía Cosme Bueno la referencia «obra nueva» significativa de su último trabajo en la que estaría también integrada una buena parte de las Descripciones geográficas de los Reinos del Perú, que le fueron encomendadas por el Conde de Superunda en virtud de las órdenes emanadas de la Corte y que venían a replantear una añeja ambición manifestada por Felipe V en 1741, de «conocer América para gobernar América».

La información acumulada por Cosme Bueno, que puso manos a la obra tras las renuncias de los anteriores encargados de tan complejo y difícil trabajo, hizo de sus Descripciones... el punto de partida para las futuras concreciones territoriales -tan discutidas tras la independencia de España- de peruanos, bolivianos, argentinos, chilenos, uruguayos y paraguayos, quienes cuentan con Cosme Bueno en sus respectivos panteones de hombres ilustres.

(fuente: http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=2613)

User Login